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26 mayo, 2013

Fármacos biosimilares, la próxima batalla


Fuente: Cinco Dias

Hay un mercado gigante en lucha. Los medicamentos biotecnológicos (de origen biológico y no de síntesis química como los tradicionales) son el futuro, e incluso el presente, para la curación de muchas enfermedades. Son más caros que los tradicionales, porque su producción es más costosa, y suponen un mercado en crecimiento del 8% anual, según datos de IMSHealth. Pero los primeros de estos fármacos que llegaron a los pacientes ya han perdido la patente. Algo que se intensificará en los próximos años. Y ahí entran los biosimilares, productos sin licencia y más baratos, que lucharán por una porción de la tarta.
Productos biológicos como Mabthera, Herceptin o Avastin han dado el liderazgo a Roche en el mercado oncológico, uno de los que más ingresos reportan a las compañías. Pero Mabthera comenzará a perder su patente el próximo año (varía según el país) y Herceptin, en 2015. Compañías de genéricos como Sandoz (grupo Novartis) ya tienen en estudio un biosimilar que pueda competir con Mabthera.
Los biosimilares, a diferencia de los genéricos, no se prescriben por principio activo y no son intercambiables con el original. Es decir, que no son una copia exacta. Están elaborados “por un fabricante diferente, en nuevas líneas celulares, nuevos procesos y nuevos métodos analíticos, se trata así de medicamentos similares pero no exactamente idénticos”,señalan desde CedimCat, el Centro de Información de Medicamentos de Cataluña. Pero una vez aprobados por las autoridades, se pueden utilizar para las mismas indicaciones que el original.
En España, en 2012, ese campo solo generó 38 millones de euros, según IMS. En el mundo, las estimaciones pasadas decían que en 2011 tendría unas ventas de 16.000 millones, pero la realidad es que apenas llegó a los 600. “El mercado de los biosimilares no va a ser importante hasta que no caigan las patentes de los grandes productos, como los oncológicos”, señala Gabriel Morelli, director general de IMS.
Para 2025, las previsiones se acercan a los 25.000 millones de dólares (19.319 millones de euros) de negocio. Fármacos de éxito como Remicade, Enbrel, Novomix o Lucentis perderán la patentes en los próximos años. Por eso, muchas compañías, tanto las tradicionales de genéricos como las de marca, han comenzado a moverse. Pzifer, Merck, Boehringer Ingelheim, Daichii-Sankyo, Amgen, Baxter o Lilly han comenzado a dar los primeros pasos.

¿Genérico? Una lucha legal por su uso

Los biosimilares se enfrentan a una importante lucha por su uso. Las farmacéuticas de medicamentos de marca insisten en que un biosimilar no es un genérico, porque no se puede cambiar el fármaco a un enfermo en medio de un tratamiento, lo que se conoce como la no sustitución y no intercambiabilidad. Pero el Gobierno deja abierta la puerta entreabierta mediante una actual propuesta de reforma de la Ley de Garantías. En un párrafo se incluye que a igualdad de precio se dispensará el genérico “o el medicamento biosimilar correspondiente”.
Los expertos advierten de las diferencias entre original y similar. “Son copias de medicamentos producidos por un fabricante diferente, mediante otras líneas celulares, nuevos procesos y nuevos métodos”, señala Zaragozá. “No son los genéricos de los biotecnológicos”, añade. “Tienen pequeñas diferencias que generan incertidumbres”, apunta Avendaño, “y no creo que se pueda hacer una política de sustitución como en el caso del genérico”, por eso recalca la importancia de la farmacovigilancia a posteriori.
De hecho, recuerda Fierro, se habla de “similitud” porque no son iguales. “Genera incertidumbre en el paciente. Nos podemos preguntar si es igual de efectivo y también por qué a mí me administran el barato”, se cuestiona Víctor Rodríguez, de la asociación de pacientes Gepac. Pero una vez aprobado para una indicación por las autoridades de la UE, “no dudamos de su seguridad”, asegura Fierro. Lo mismo cree Zaragozá, que recuerda que son los propios laboratorios de marca los interesados en este negocio: “Son empresas bastante presentables, que ofrecen tranquilidad”.
Entre las de genéricos, casi todas las grandes están interesadas en el nuevo mercado: Sandoz, Teva, Hospira, Mylan, Actavis, Stada, Dr. Reddy’s, Cipla o Watson. “Los laboratorios innovadores seguro que van a entrar a desarrollar biosimilares cuando caigan patentes”, afirma Francisco Zaragozá, catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá de Henares, presente en un seminario organizado por los laboratorios Roche sobre la irrupción de estos fármacos.
Incluso otros actores, como Fujifilm, Samsung o General Electric (GE Healthcare) también se muestran interesados, “debido a la cada vez menor separación entre medicamentos y tecnología, como en el caso de los radiofármacos”, explica Morelli.
Para este experto, el mercado de los biosimilares se ha encontrado ciertas barreras y todavía no se ha desarrollado porque “son pocas las patentes que han caído”, gran parte de los marcos regulatorios “todavía están en desarrollo” y “hay mucha reticencia de los médicos” a recetarlos hasta que no estén probados.
A finales de 2012 había 183 fármacos biosimilares en investigación, según la publicación especializada FirstWord, la mayor parte de ellos antineoplásicos (contra el cáncer), insulinas o interferones (contra la esclerosis múltiple). De hecho, gran parte del negocio actual de los biológicos de marca se desarrollan en torno al cáncer, como los denominados anti-TNF (14% de las ventas) o los antineoplásicos, con un 11%. Las insulinas se llevan un 13,8% de la tarta y las vacunas, un 6,2%.
En España se comercializan en la actualidad seis marcas de biosimilares (de Sandoz, Hospira y Teva) únicamente para tres productos: la hormona de crecimiento, la EPO (eritropoyetina) y el filgastrim (un factor estimulante de granulocitos, por ejemplo, para enfermos oncológicos).
Pero los biosimilares se encuentran un aliado en estos momentos de reducción de costes. “El Gobierno busca introducir los biosimilares porque los genéricos pueden empujar a la baja el valor de los medicamentos de marca”, opina Morelli. “El precio puede ser un 30% más económico”.
“En cinco o seis años tendremos un mercado significativo para valorar los ahorros. Algunos estudios calculan la diferencia de precio en un 40%, pero desconocemos si será así en todos los productos”, explica Julio Sánchez Fierro, abogado y miembro de la Asociación de Derecho Sanitario.
“Introducen competencia y la realidad es que conseguimos comprar más barato”, confirma Cristina Avendaño, especialista en farmacología clínica, a partir de su experiencia en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid.

Francisco Rebollo, director médico de Sandoz: “Las reticencias están desapareciendo”

A. Simón
Es, desde 2011, el director médico de Sandoz, compañía de genéricos del grupo Novartis. Francisco José Rebollo trabajó anteriormente en laboratorios como Abbott y BMS. La compañía comercializa los tres tipos de biosimilares aprobados en España: Omnitrope, desde 2006, una hormona de crecimiento; la eritropoyetina Binocrit (anemia), y Zarzio, el filgrastim (oncología).
Pregunta. ¿Cuál es su próximo lanzamiento de biosimilares?
respuesta. Estos fármacos requieren de una importante inversión en tiempo y recursos. Su desarrollo tarda entre ocho y diez años para llegar al mercado y cuesta entre 75 y 200 millones de dólares. Tenemos varias moléculas en diversas etapas de desarrollo. De hecho, estamos ahora mejorando seis ensayos en fase III (la última) con cuatro moléculas.
P. ¿Trabajan en oncología?
r. Sí. Estamos centrados en una nueva evolución de los biosimilares desarrollando los nuevos anticuerpos monoclonales que van a tener una gran importancia en el campo de la oncología. Trabajamos con un estudio de fase III con nuestro biosimilar rituximab (patentado como Mabthera por Roche) y también en la última fase está pegfilgrastim (Neulasta, de Amgen).
P. ¿Qué importancia tiene el biosimilar para Sandoz?
r. El área de desarrollo de biosimilares está considerada como uno de los pilares estratégicos de la compañía y, definitivamente, una de nuestras principales ventajas competitivas. Este negocio constituye un importante motor de crecimiento.
P. ¿Cuáles son las barreras para la incorporación de estos fármacos?
r. La principal barrera a la que nos enfrentamos es la de la información. Hay que tener en cuenta que son relativamente nuevos, aunque son medicamentos de alta calidad y clínicamente probados, tanto en eficacia como en seguridad. De hecho, los biosimilares son aprobados en mercados altamente regulados de todo el mundo de estrictas reglas.
P. ¿Ve reticencias en los médicos para el uso de estos fármacos?
r. Desde el comienzo del uso de los biosimilares hemos tenido una serie de reticencias en los médicos al no conocer ni tener experiencias previas en este tipo de fármacos nuevos. En los últimos dos años, hemos ido realizando un programa de formación a los facultativos sobre los biosimilares, mostrando las características principales de estos productos biotecnológicos y aclarando las dudas. Poco a poco, esta información ha ido llegando a los profesionales de la salud y, gracias a esto y a la experiencia en su uso que van teniendo en la práctica clínica diaria, estas reticencias están desapareciendo.
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23 abril, 2013

LA PRÁCTICA REFLEXIVA DE LA MEDICINA

Disculpas porque tome el post y olvidé la fuente. .

LA PRÁCTICA REFLEXIVA DE LA MEDICINA (homenaje a Enrique Gavilán, Joan Ramón Laporte e Ildefonso Hernández)


La violenta reacción de una parte de la profesión médica contra el testimonio de Enrique Gavilán, Joan Ramón Laporte e Ildefonso Hernández, éste rasgarse las vestiduras y darse golpes de pecho ante la "asombrosa" declaración de unos médicos confesando que nada de lo humano les es ajeno, me ha recordado una vieja entrada publicada en el también viejo blog de La Momia que Habla que reproduzco, en homenaje a ellos, con algunas pequeñas modificaciones

"El jueves pasado tenía que dar un Curso en la UMU sobre aspectos éticos de la relación entre médicos e industria farmacéutica. Ya casi no me llaman para dar cursos de bioética porque últimamente siempre digo que no. Hace 15 años todavía tenían su gracia pero tras estos años “predicando” tengo claro que la bioética no se enseña. Pero con este curso me pillaron blandito y me pidieron que hablara del tema que estoy estudiando últimamente. La preparación de la clase me ha permitido reflexionar sobre esta pregunta 

¿Desde qué posición podemos hablar con unos compañeros sanitarios sobre las evidencias que demuestran nuestra connivencia y colaboración con las estrategias comerciales de la industria farmacéutica (mercantilización) o con aquéllas que buscan generar una sociedad hiper-demandante e hiper-dependiente de la atención sanitaria (medicalización)? 
Claro, en un curso de bioética, la respuesta debería ser: desde la ética ¿no? Pues no lo tengo tan claro. La posición ética no es una buena posición para intentar responder a esta pregunta. ¿Un compañero que receta un determinado medicamento “me too” (innovación terapéutica no relevante; cualquier ARAII, por ejemplo), recomendado por un agradable “representante”, al que conoce desde hace años y con el que coincide en la academia de inglés de los nenes y que cada año le paga el Congreso de la especialidad, que además es un “me too” que funciona estupendamente y que, posiblemente, utilizaría igual aunque no lo invitaran a los Congresos, está siendo poco ético? ¿Un compañero que acepta que sus pacientes se realicen la densitometría de calcáneo, ofrecida “generosamente” por una casa comercial, para saber si tienen osteoporosis, ysaldráquesí, y después le prescribe un bifosfonato, está siendo poco ético? ¿Y otro que cita todos los años a una señora para revisar “en el hospital” unas varices que se empeñan en seguir igual? Ese compañero tampoco está siendo poco ético; de hecho, para la señora a la que revisan este compañero es un profesional virtuoso.
¿Dónde está el problema? El problema puede ser ético en algunos casos: existen médicos corruptos como existen fontaneros corruptos. Compañeros que deliberadamente prescriben uno u otro medicamento, o le cambian el antihipertensivo o el antidiabético oral cada tres meses al paciente teniendo en cuenta sus “relaciones” con los laboratorios; o el compañero especialista que cita deliberadamente sucesivas “facilonas” para tener consultas llenas. Estos casos no son la mayoría, aunque existen, y no son difíciles de detectar. Pero una reflexión de este tipo ni mucho menos podría generalizarse y, por tanto, no nos vale para plantear la reflexión con vistas a generar cambios. Es una posición que genera, mayoritariamente, estrategias defensivas, nada movilizadoras.
En otros muchos casos existe, simplemente, una falta de conocimiento por parte del profesional. Sin duda la falta de conocimiento actualizado tiene una vertiente ética, pero admitamos que la ingente cantidad de información clínica en forma de guías de práctica clínica, protocolos, meta-análisis, revisiones sistemáticas, recomendaciones de expertos, publicidad, etc… hace cada vez más difícil separar el grano de la paja y el médico con mejores intenciones puede no estar completamente actualizado en un determinado tema o simplemente haber consultado documentación sesgada
Siguiendo con nuestros ejemplos, nuestro compañero puede desconocer las revisiones sistemáticas que no encuentran diferencias importantes entre los IECAs y los ARAII, excepto en su precio, o la inutilidad de una densitometría de calcáneo por su alta sensibilidad pero baja especificidad. Esta falta de conocimiento actualizado y de calidad ¿denota una falta de ética profesional? Supongo que depende del "tamaño del agujero". Sí creo que la falta de conocimiento actualizado y de calidad es un problema pero no solo ni principalmente del médico sino que lo es del sistema de salud, la organización, que no provee adecuadamente a sus profesionales de herramientas de apoyo a la toma de decisiones o información/formación continuada dirigida o focalizada en las áreas de mayor deficiencia de conocimiento.
Por tanto, sin duda, existen casos en los que la colaboración del médico con estrategias mercantilistas y medicalizadoras se debe a una falta de ética (las menos) o a una falta de conocimiento (algunas más) pero, desde mi punto de vista, el problema que subyace en la mayoría de los profesionales sanitarios y que, quizá, puede servirnos para generar reflexión movilizadora, es, en realidad, intelectual. No hablo de falta de inteligencia. Ni siquiera hablo ahora de de falta de formación. No. Hablo de falta de profundidad en el pensamiento. Hablo de una falta de hábitos reflexivos que permitan a estos compañeros analizar y criticar sus prácticas más allá de lo evidente; más allá de lo epidérmico; más allá del oficio.

Pero ¿qué es esto del pensamiento reflexivo? Bueno el pensamiento reflexivo es la característica definitoria más importante de la actuación profesional. De cualquier profesional. La diferencia entre un oficio y una profesión es que él que ejerce un oficio está centrado en el dominio de los saberes técnicos que tiene que utilizar en la práctica (racionalidad técnica). El profesional, además de los saberes técnicos, tiene que construir una autonomía y un criterio profesional, que es algo más que tener conocimientos de medicina. Esta construcción de un criterio profesional ha sido llamado también "encuadre" que, referido a la solución de problemas clínicos, sería el proceso mediante el cual definimos la decisión que se ha de adoptar, los fines que se han de lograr, los medios que pueden ser elegidos, es decir, construimos el contexto o el marco en el cual desarrollaremos nuestras habilidades técnicas.
Por desgracia para nuestra mentalidad positivista-cientificista, el proceso de encuadramiento no es técnico, no es dependiente de nuestro conocimiento “científico”, no viene dado. En realidad, cuando encuadramos una situación estamos más cerca de lo intuitivo o de lo emocional que de lo racional. Cuando encuadramos una situación seleccionamos qué vamos a considerar como elementos relevantes, cuáles van a ser los límites de nuestra atención sobre ellos e imponemos una coherencia que nos permita decir qué está mal y en qué dirección se debe reorientar la situación. El profesional es ejecutor y, a la vez, creador: aísla el problema, lo plantea, lo concibe, elabora una solución y asegura su aplicación. La competencia profesional podría entenderse desde este punto de vista como la capacidad de gestionar el desajuste entre el trabajo prescrito (normas y protocolos) y el trabajo real (complejo, singular, irrepetible), en el que las prescripciones fallan o no se ajustan a la realidad. En los oficios, la parte prescriptible representa una proporción mayor de la actividad que en las profesiones.


Perrenoud, un pedagogo francés, hablando del oficio de enseñar, que es tan parecido a la medicina, escribía en el año 2004: 
“En teoría los profesionales son quienes mejor pueden saber lo que tienen que hacer de la mejor manera posible. En la práctica cotidiana no todos están constantemente a la altura de esta exigencia y de la confianza recibida. El grado de profesionalización de un oficio no es un certificado de calidad entregado sin examen a todos aquellos que lo ejercen. Es más bien una característica colectiva, el estado histórico de una práctica que reconoce a los profesionales una autonomía, fundada en una confianza en sus competencias y en su capacidad reflexiva”





¿Estamos los profesionales sanitarios, especialmente en estos días, a la altura de la confianza de la sociedad en nuestra capacidad reflexiva?

En realidad, el profesional se la juega en su capacidad de trascender su mera actividad técnica y enmarcarla en un contexto mayor que le permita darle un significado a su tarea. Técnicamente, prescribir ARAII puede se irreprochable, pero contextualizarlo en la necesidad de utilizar los medicamentos más eficientes porque con mis decisiones cotidianas contribuyo a la sostenibilidad del sistema sanitario público, forma parte de un proceso reflexivo que constituye el núcleo duro del profesionalismo. De igual modo, no encuadrar la petición de una densitometría de talón ofertada por una casa comercial en una estrategia de medicalización, habla de un proceso de toma de decisiones superficial. Nuestro cirujano que cita a la señora con varices cada año para una revisión tampoco parece trascender la mera decisión técnica y enmarcarla en un gesto que acaba generando dependencia de la paciente de la atención especializada (“éstos sí saben”), deslegitima a su médico de cabecera y produce actividad profesional simplemente ineficiente por no efectiva.
Perrenoud es un gran crítico de este profesionalismo superficial que pretende legitimarse solo desde lo científico y lo técnico: 
“Buena parte de los profesionales hacen evolucionar su práctica, desde un punto de vista muy egocéntrico, hasta que hallan en ésta su felicidad o, por lo menos, un mínimo de equilibrio.. Inmediatamente conectan el piloto automático” 
En efecto. Es frecuente encontrar a profesionales sanitarios que no aspiran a ejercer realmente una profesión: prefieren funcionar respetando un “protocolo”, o los procedimientos prescritos, las "normas de la casta", alcanzado un cómodo equilibrio en su práctica. 
Un equilibrio en el que todo va a favor para que sea confortable: las demandas de los ciudadanos consumidores de salud, los intereses de la industria, la negligencia de los gestores públicos, los intereses corporativistas de la profesión, etc. Es el vuelo cómodo, seguro y estable del ganso (sin intención de faltar)
Hay gavilanes, por contra, que están continuamente atentos, tienen un vuelo más nervioso, una mirada más intensa; problematizan todas sus actuaciones, no se conforman con lo más cómodo, con lo menos dañino para su autoestima; critican, desde la lealtad, a su propia organización e iluminan, desde el compromiso, las zonas más ambiguas de su profesión o actividad.
Existe cada vez más un desfase entre las estructuras (la organización de la asistencia, la distribución de los presupuestos, las condiciones del desempeño profesional, los intereses de la industria, la organización del conocimiento por especialidades, la sociedad medicalizada..), los fines de la profesión y las necesidades de los usuarios y pacientes.

Frente a estos problemas o desfases, que van e irán en aumento, los profesionales estamos bastante solos y podemos optar por renunciar o por ejercer nuestra responsabilidad cívica y ética, como han sido los casos de Enrique Gavilán, Joan Ramón Laporte e Ildefonso Hernández, al decidir dar testimonio en Salvados.
El profesional no se enfrenta a estos problemas y desfases, a estas anomalías del paradigma, con un catecismo sino con su experiencia, su conocimiento, sus competencias reflexivas y su integridad moral. Ninguno de los elementos garantizan nada, pero son los únicos que pueden ayudarnos a analizar, crear elecciones y asumirlas. La falta de autocrítica profesional tras el programa Salvados es un ejemplo de la escasez angustiante en España de pensamiento reflexivo entre los médicos. 
La opción reflexiva exige al profesional ejercer una relación activa más que “plañidera” con respecto a la complejidad para intentar generar un sentimiento de coherencia y control sobre los acontecimientos. Las reacciones defensivas no son sino un síntoma de desbordamiento y de miedo que emergen, en realidad, no cuando iluminamos nuestra profesión y la acercamos a la sociedad, sino cuando perdemos la ambición intelectual y el compromiso que hemos asumido con ella de darle un sentido profundo a nuestra actividad.


Junto con la política y la enseñanza, la medicina es uno de los oficios imposibles para Freud. En estos oficios, el fracaso es un resultado que no puede nunca excluirse; en ocasiones es el más frecuente. Vamos forzosamente de esperanzas a desilusiones

¿Cómo salvaguardarse de los efectos devastadores de esta alternancia?

No lo sé. Pero sí sé que no podemos renunciar de antemano al éxito para protegernos definitivamente de las decepciones. 
Entre el cinismo protector y la fe sin límites existen las, más inestables, inseguras y  ambiguas, posiciones reflexivas.
Y acabo con Perrenoud: 
“Ejercer serenamente un oficio de lo humano significa saber con cierta precisión, por lo menos a posteriori, lo que depende de la acción profesional y lo que escapa de ella. No se trata de cargar con todo el peso del mundo, responsabilizándose de todo, sintiéndose continuamente culpable; es, al mismo tiempo, no ponerse una venda en los ojos, percibir lo que podríamos haber hecho si hubiéramos comprendido mejor lo que ocurría, si nos hubiéramos mostrado más rápidos, más perspicaces, más tenaces o más convincentes… Para verlo más claro, a veces se debe aceptar el reconocimiento de que podríamos haberlo hecho mejor y comprender por qué no lo hemos conseguido. El análisis no suspende el juicio moral, no vacuna contra la culpabilidad, sino que induce al practicante a aceptar que no es una máquina infalible, a tener en cuenta sus preferencias, dudas, espacio vacíos, lapsos de memoria, opiniones adoptadas, aversiones y predilecciones, y otras debilidades inherentes a la condición humana”
Y no me resisto a otra cita del autor: 
“La práctica reflexiva no nos dirige específicamente a aclarar un error estrictamente técnico, sino más bien, una postura inadecuada, un prejuicio sin fundamento, una indiferencia o una imprudencia, una impaciencia excesiva, una angustia paralizante, un optimismo o un pesimismo exagerados, un abuso de poder, una indiscreción injustificada, una falta de tolerancia o injusticia, un fallo de anticipación o de perspicacia, un exceso o falta de confianza, un conflicto de interés..; en definitiva, actitudes y prácticas relacionadas con los pacientes, el saber, el trabajo, la organización, etc”


Por último, os regalo compañeros, estas citas de Pessoa, de su maravilloso "Libro del desasosiego", que estoy releyendo:
"Creo que decir una cosa significa conservarle la virtud y despojarla del terror"
"No el placer, no la gloria, no el poder; la libertad, solo la libertad"  

22 abril, 2013

La Industria Farmacéutica controla los organismos regulatorios

Jordi Évole
Jordi Évole (Photo credit: Jot_Down)

Jordi Évole entrevista a comenta Ildefonso Hernández, exdirector general de salud pública quien asegura que la industria farmacéutica tiene gente muy bien preparada y que meten muchos goles al Sistema Público de Salud porque domina a los órganos reguladores.

En política cuando se toman decisiones sanitarias no siempre se toman teniendo en cuenta criterios médicos. “Hacen que las políticas finales no sean las que tendrían mejor finalidad pública”, comenta Ildefonso Hernández, exdirector general de salud pública.

La industria ejerce presión en todos los ámbitos sanitarios. “La mayoría de actos están financiados por ellos”.

Cuando recibía a alguien de la industria farmacéutica llevaba un recibimiento muy cordial. “Son excelentes, muy bien preparada, son muy convincentes”.

La industria farmacéutica mete muchos goles al Sistema Público de Salud porque “hasta domina los órganos reguladores”.

España se gastó unos 98 millones de euros en prevenir la Gripe A destinados a varios laboratorios farmacológicos. Los fármacos que no fueron utilizados se destruyeron.




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15 abril, 2013

La industria farmacéutica domina los órganos reguladores

Jordi Évole entrevista a comenta Ildefonso Hernández, exdirector general de salud pública quien asegura que la industria farmacéutica tiene gente muy bien preparada y que meten muchos goles al Sistema Público de Salud porque domina a los órganos reguladores.

En política cuando se toman decisiones sanitarias no siempre se toman teniendo en cuenta criterios médicos. “Hacen que las políticas finales no sean las que tendrían mejor finalidad pública”, comenta Ildefonso Hernández, exdirector general de salud pública.
La industria ejerce presión en todos los ámbitos sanitarios. “La mayoría de actos están financiados por ellos”.
Cuando recibía a alguien de la industria farmacéutica llevaba un recibimiento muy cordial. “Son excelentes, muy bien preparada, son muy convincentes”.
La industria farmacéutica mete muchos goles al Sistema Público de Salud porque “hasta domina los órganos reguladores”.
España se gastó unos 98 millones de euros en prevenir la Gripe A destinados a varios laboratorios farmacológicos. Los fármacos que no fueron utilizados se destruyeron....ver video:

13 abril, 2013

La finalidad del visitador médico es vender

Fuente: La Sexta

Jordi Évole entrevista a Cecilia Tena porque quiere saber en qué consiste el trabajo de un visitador médico. Ella ejerció hasta 2008 y comenta que fuera de lo que digan las industrias farmacéuticas, su objetivo no es formar ni informar, es vender. Son como “comerciales”, asegura.

Los visitadores médicos se definen como informadores técnicos sanitarios. Pertenece a la red de ventas de un laboratorio, “es como un comercial”, explica Cecilia Tena, visitadora médica hasta 2008. Negocian recetas.
El visitador pide que prescriba su marca. La finalidad “no es informar ni formar es vender”. Pueden convencer de muchas maneras pero manejan los presupuestos de inversión, un dinero, unos 450€ que pueden gastar por cada visita en comidas, viajes, regalos, jamones, cámaras de fotos… “para convencer”.
Tenían calificados a los médicos: “tarugos” son los que aceptan los incentivos y “pluma seca” los que prescriben poco.
Hay un código deontológico para los visitadores, comenta Cecilia. “Los códigos están para dar imagen. Muchas veces no se cumplen”.
Jordi comenta que quizá la industria farmacéutica dice que sólo fabrica medicamentos que necesita vender. “Si la industria abusa mucho va a matar a la gallina de los huevos de oro”, asegura Joan- Ramon y añade: “El Sistema Nacional de Salud ha sido permeable porque ha sido una expendedora de medicamentos desde hace 40 años”.
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Hay ocasiones en el que el medicamento ha sido antes que la enfermedad

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Repetida en varios blogs, y aún en las redes sociales, bien vale escuchar a Enrique Gavilán, quién no sólo es un médico de familia, sino un prominente miembro de la blogosfera hispana. Sin tapujos declara sus conflictos de intereses, y sus viscitudes en la práctica médica cotidiana. De esas contradicciones que nos encontramos a diario en la consulta, y no figuran en ninguna estadística, más que el incremento del gasto farmacéutico que los propios gobiernos impulsan a partir de responder, más a la Organización Mundial de Comercio que a criterios científicos.


 Fuente: La Sexta
Enrique Gavilan

Enrique Gavilán, médico de familia, asegura que hay enfermedades que se han ido generando entorno al uso de determinados medicamentos. Es decir, han ‘inventado’ enfermedades para determinados fármacos ya creados. Este es el caso del fracaso escolar que se trata con derivados de la anfetamina.

Los expertos en salud pública alertan de la excesiva medicalización del sistema. España es el segundo país del mundo en consumo de fármacos por habitante. La experiencia de Enrique Gavilán como médico confirma la estadística. Los habitantes tienen “farmacodependencia” y es que es un recurso “muy cómodo para todos”


Cómo médico, todos los días receta algo sabiendo que no va a servir para nada para que se vayan los pacientes más contentos. “Recetar es muy fácil. Recurrimos a ello porque tenemos prisa”.


Los médicos ahora recetan el principio activo que es el nombre que lleva la sustancia del medicamento. Cuando el médico tiene libertad de elegir la marca del fármaco, eligen por “presión comercial”, por parte de los visitadores médicos. Estas personas ofrecen productos promocionales junto a obsequios no permitidos por ley. Enrique ha aceptado esto e incluso viajes gracias a la industria farmacéutica.


"Recurrimos a la receta porque tenemos prisa"


Económicamente hablando, los beneficiados de la sobremedicación son las “industrias farmacéuticas”.  La creación de nuevas especialidades, va de la mano en algunas ocasiones de nuevas enfermedadesque se han ido generando entorno al uso de determinados medicamentos. 

 “Hay ocasiones que el medicamento ha sido antes que la enfermedad”. Por ejemplo el fracaso. Están medicalizando ese tipo de proceso, muy notorio en los niños con el fracaso escolar. Se dan derivados de la anfetamina que a larga “no se sabe que puede pasar”. Se está recetando porque “la enfermedad se ha creado porque había un producto farmacéutico que había que vender”