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13 junio, 2013

Revisión del Boletín Terapéutico Andaluz sobre los incretinomiméticos

Fuente: Martin Cañas ( en lista Redsaf )

BTA. Seguridad de pioglitazona e incretín miméticos: Los efectos adversos limitan su uso



BTA  Año 2012, Volumen 28 Número 3

Publicación  22 abril 1023



Resumen:

La diabetes mellitus tipo 2, por su elevada prevalencia y por la gravedad de sus complicaciones macrovasculares y microvasculares, es un problema de salud de gran impacto sanitario y social potenciada además por su frecuente asociación con otros factores de riesgo cardiovascular como la obesidad, la hipertensión arterial y la dislipemia.

El control glucémico ha demostrado su eficacia en la reducción de complicaciones microvasculares, constituyendo uno de los aspectos del abordaje multifactorial de la diabetes mellitus tipo 2, siendo más incierto su efecto sobre las complicaciones macrovasculares.

En este artículo presentamos una revisión comparativa de los beneficios y riesgos asociados a los nuevos agentes antidiabéticos, en relación con las alternativas ya existentes.

El uso de metformina y sulfonilureas se apoya en estudios a largo plazo y revisiones sitemáticas en los que consiguen mejor o similar eficacia comparada con los nuevos hipoglucemiantes.

La metformina se recomienda como el antidiabético de primera elección, y en caso de intolerancia o contraindicación las sulfonilureas constituyen su alternativa. La selección de fármacos en segunda o tercera línea (pioglitazona, análogos de la DPP-4 (gliptinas), análogos de GLP-1), es más discutida ya que las evidencias asociadas a estas recomendaciones son limitadas, además la seguridad a largo plazo de los nuevos antidiabéticos orales aún es desconocida.

Como ventaja se han propuesto con un menor riesgo de provocar hipoglucemias que insulinas y sulfonilureas, sin embargo, en los estudios publicados y en la experiencia tras su comercialización, se han producido numerosas comunicaciones de efectos adversos.


La pioglitazona y gliptinas se consideran, de modo individualizado según las necesidades y tolerancia de cada paciente, como alternativas cuando exista intolerancia a metformina o sulfonilurea; los análogos de la GLP-1 como alternativa a la insulinización y/o a la triple terapia oral en pacientes con importantes problemas de sobrepeso u obesidad, ya que su seguridad a largo plazo es aún desconocida y no existen evidencias sólidas de sus resultados en morbimortalidad.



Número completo: http://bit.ly/YG2Iry
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La ADA pide una evaluación independiente de las terapias basadas en la incretina


Desde hemos leido, que siempre nos desasnan con el tema medicamentos:


La Asociación de Diabetes Americana (ADA) ha solicitado a las compañías farmacéuticas involucradas en el desarrollo y comercialización de medicamentos basados en la incretina, que pongan a disposición de una revisión independiente los datos disponibles de sus productos a nivel de paciente, que podría resolver la cuestión de si estas terapias contribuyen al desarrollo de pancreatitis o cáncer de páncreas.
 
La ADA se propone lanzar una convocatoria de candidaturas para organizaciones académicas y de investigación capaces de integrar grandes bases de datos experimentales para analizar de forma independiente los datos clínicos y patológicos disponibles.
 
Publicaciones recientes han intensificado la polémica en torno a este asunto. Tras los artículos de Diabetes Care ya comentados en este blog, esta semana se han publicado en BMJ dos artículos (1-Deborah Cohen; 2-Halfdanarson TR and Pannala R) y dos editoriales (Ed1- Edwin Gale y Ed2- Victor M Montori), además de un interesante programa emitido en Canal 4 de Reino Unido sobre “Las dietas, los fármacos y la diabetes”.
 
El contenido del documental, solo está disponible para UK, pero por lo leído en Medscape se intuye muy interesante.
 
La investigación comienza relatando la historia de cómo la preocupación por la pancreatitis y cáncer de páncreas comenzaron a surgir entre la comunidad científica con respecto a una nueva clase de medicamentos para la diabetes tipo 2, los agonistas del péptido glucagón-1 (GLP-1) y los inhibidores de la dipeptidil peptidasa (DPP-4). Las anomalías se observaron por primera vez en el páncreas de las ratas tratadas con la sitagliptina inhibidor DPP-4 (Januvia, Merck), por Peter Butler, de la Universidad de California, Los Ángeles, trabajo que posteriormente publicó en 2009. El Dr. Butler más tarde encontró cambios anormales, incluyendo lesiones precancerosas en el páncreas de ocho donantes de órganos que toman fármacos GLP-1 basados ​​en comparación con los pacientes que toman otros otros medicamentos antidiabéticos.
 
BMJ y Channel 4 Reportajes han revisado miles de páginas de documentos normativos obtenidos bajo la Ley de Libertad de Información y descubierto datos que apuntan a “efectos pancreáticos proliferativos o inflamatorios no deseadas” de estos medicamentos que no han sido publicadas.

Además, a pesar de los informes publicados que indicaban preocupaciones, las empresas farmacéuticas no han realizado algunos estudios de seguridad críticos, ni los reguladores les han solicitado. El acceso a los datos en bruto que podrían ayudar a resolver las dudas sobre la seguridad de estos fármacos, ha sido negado.
 
También se contempla en el documental con preocupación el hecho de que la Dra. Cohen logre adquirir liraglutida para la pérdida de peso, un uso sin indicación autorizada (off-label).
 
Según la Dra Cohen, estos medicamentos son utilizados por cientos de miles o millones de pacientes y si la seguridad no ha sido estudiada adecuadamente, entonces hay gran cantidad de personas en riesgo de sufrir efectos secundarios muy graves.
 
En aras a tranquilizar, Diabetes UK insta a la calma y no recomienda ningún cambio en el uso de medicamentos de GLP-1 y de inhibidores de la DDP-4 en los pacientes con DM tipo 2, en espera de los resultados de la investigación de la EMA
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17 septiembre, 2011

Who defends lilly and novonordisk diabetes meds


Source: Pharmalot

conflictsofinterest212The scene at the European Association for the Study of Diabetes being held in Lisbon this week has included a heated debate over the extent to which a particular type of diabetes medicine called GLP-1 therapies can increase the risk of pancreatic and thyroid cancer. These include Byetta, which is sold by Eli Lilly and its partner, Amylin Pharmaceuticals, and Victoza, which is marketed by Novo Nordisk.
The issue has actually been percolating for more than a year (read here), although a review published two months ago in Gastroenterology that reviewed the FDA database of side effects showed patients taking Byetta had a much larger chance of developing pancreatitis, which can increase the risk of tumors (read the abstract). The drugmakers maintain their meds are safe.
And so there was a debate among researchers in attendance, including Peter Butler of the University of California at Los Angeles, who was one of the authors of the Gasterenterology study. One of his opponents was Michael Nauck, head of the Diabeteszentrum Bad Lauterberg in Germany, who told Bloomberg News that “the bulk of findings tends to speak against such an association. There is no general agreement.”
In fact, he believes the FDA database not only fails to establish a link to thyroid and pancreatic cancer, but may instead show the drugs could protect against other forms of cancer, such as prostate tumors. “Looking at same database and using very, very similar methods, I find evidence that some forms of cancer are reduced.”
Similarly, Matteo Monami, a physician at the University of Florence and Carreggi Teaching Hospital in Italy, told Bloomberg that the Gasteroenterology study is “erroneous analysis” and its results “are really not reliable at all.” He presented a study showing no increase in cancer or pancreatitis for so-called dipeptidyl peptidase-4 inhibitors such as Januvia.
However, what was not made clear is that both Nauck and Monami have ties to the drugmakers that sell the GLP-1 treatments. For instance, Nauck has worked as a consultant to both Lilly and Novo Nordisk, and also received clinical research grants from both drugmakers (look here). And Monami has received speaking fees from Lilly (see this).
Of course, it does not automatically follow that one or both researchers is biased due to their relationships with either drugmaker. Just the same, such ties would have been helpful to know, given that they were rather outspoken in defending the medications at an important meeting where the scientific community gathers to absorb and ponder research that is used to influence medical practice.

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