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26 enero, 2012

Los condroprotectores: territorio comanche


Fuente: El Pais (España)

Por:  26 de enero de 2012

ReporteroDecía Arturo Pérez-Reverte en uno de sus míticos libros: "Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta..." Los profesionales sanitarios también tienen sus territorios comanches particulares, donde el instinto les dice que es mejor no insistir y mirar para otro lado. Uno de ellos tiene nombre propio: Fármacos de nula o dudosa utilidad terapéutica. No arriesgan sus vidas, pero sí (a veces) sus carreras y/o su reputación para mostrar al mundo lo que está ocurriendo, no el terreno de la muerte, sino en el de la vida, en el de la medicina.
Pero para comprender la realidad de una historia que tiene lugar en territorio comanche médico, comencemos por el principio. Existen múltiples enfermedades que pueden desgastar o dañar al cartílago presente en nuestras articulaciones pero, con diferencia, la más frecuente es la artrosis. El cartílago, rico en en condroitín sulfato y en proteínas que contienen glucosamina, actúa como un amortiguador entre los huesos y permite que los movimientos se realicen con suavidad y sin dolor. Cuando este cartílago se va desgastando, van apareciendo los dolores al movimiento y la inflamación, con una progresiva pérdida de la movilidad conforme más vaya avanzando esta enfermedad.
El gran inconveniente es que el cartílago que se pierde a lo largo de la vida ya no se recupera (porque es un tejido que prácticamente no tiene regeneración). Como además la pérdida de cartílago se asocia al envejecimiento, cada vez es un problema de mayor magnitud.
Ante este gran problema de salud pública a alguien se le ocurrió la siguiente idea: "¿y si damos medicamentos que sean ricos en los componentes con los que está formado el cartílago para ver si así se protege o incluso se recupera?" Esta idea que es, hasta cierto punto, lógica, fue el origen de lo que antes se llamaban condroprotectores y hoy reciben el críptico nombre de SYSADOA (que significa "fármacos sintomáticos de acción lenta para la artrosis"). En realidad, algunos de ellos no se tratan de fármacos en el sentido más estricto de la palabra sino de suplementos dietéticos (y así se venden en Estados Unidos y más países).
La cuestión es que la comercialización de los SYSADOA indicados para la artrosis se asentó en una evidencia científica inicial muy débil y dudosa. Se sabían que eran muy seguros pero lo que no estaba nada claro era que fueran realmente efectivos en retrasar la degeneración del cartílago o incluso repararlo. ¿Sería cierta la hipótesis de "lo que se come, se cría"?
Con el paso de los años, y con la aparición de más y más estudios independientes y de mayor calidad que comparaban la eficacia de los condroprotectores con el placebo, se iba perfilando un resultado cada vez más claro y demoledor: La mayoría de los estudios científicos mejor realizados o no encontraban diferencias apreciables con respecto al placebo o los resultados no eran relevantes clínicamente. Las consecuencias no tardaron en llegar y países como Estados Unidos, Australia, Holanda y Reino unido los consideran suplementos dietéticos sin eficacia demostrada. Otros países, como Suecia y Dinamarca, que anteriormente financiaban los condroprotectores en sus sistemas de salud, los retiraron por la misma razón (Fuente).
Y ahora es cuando aterrizamos en nuestra querida España. En nuestro país los condroprotectores siguen estando financiados por la Seguridad Social. Dado que nuestro sistema sanitario no pasa precisamente ahora por su mejor momento económico, muchos profesionales de la salud se han metido en territorio comanche y han hecho un llamamiento para dejar de financiar aquellos fármacos que tengan una eficacia terapéutica dudosa o nula (hay muchos, se sorprenderían), pues supondría un ahorro importante para las arcas de la Sanidad.
Entre los valientes profesionales sanitarios que han hecho este llamamiento, se encuentraCecilia Calvo, farmacéutica y antigua redactora de El Comprimido, una publicación del Servicio de Salud de las Islas Baleares. Cecilia Calvo no sólo tuvo la osadía de escribir una revisión sobre la eficacia terapéutica de los condroprotectores, sino que se atrevió a preguntar qué sentido tenía que estuvieran financiados por la Seguridad Social(suponen un coste 100 millones de euros anuales). Las consecuencias no tardaron mucho en llegar... Bioibérica, una empresa farmacéutica española que vende, entre otros fármacos, condroprotectores denunció judicialmente al Instituto Balear de Saludalegando que con el mencionado artículo del Comprimido se estaba cometiendo una ilegalidad al hacer recomendaciones sobre medicamentos y que "vulneraban la libertad de prescripción".
Poco tiempo después, como si fuera obra de la casualidad, el director General del Instituto Balear de Salud Juan José Bestard envió un email a todos los médicos de atención primaria y coordinadores desautorizando el artículo publicado en el Comprimido y defendiendo la libertad de prescripción. La Sociedad Balear de Medicina Familiar no tardó en manifestar su opinión sobre el email de su director general con lo siguiente: "su más absoluta indignación por el contenido de la misma, que interpreta como una injerencia inadmisible de un cargo directivo en las labores estrictamente técnicas de la evaluación farmacológica"
A los pocos días, como una carambola guiada del destino, Cecilia Calvo fue despedida desu trabajo en el Comprimido y Eugènia Carandell, responsable en funciones del gabinete técnico de Atención Primaria dimitió con las siguientes palabras: "Ha sido una actitud individual por una postura ética. Ni los gestores ni los políticos deberían cuestionar el trabajo de los técnicos."
El último capítulo de esta historia la escribe la Sociedad Española de Farmacologíamostrando su apoyo a los condroprotectores y defendiendo, ante todo, la libertad de prescripción del médico. Pero la bola de nieve no deja rodar... y no sería extraño que sucediera algo más.
Como pueden ver, lo que debía ser un sosegado análisis científico de la real evidencia terapéutica de los condroprotectores se ha convertido en un territorio comanche donde lasbalas políticas y judiciales campan a sus anchas. Valientes aquellos que se enfrentan a los "pistoleros", para reflejar la verdad de la medicina.
Para saber más:

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18 octubre, 2011

Quién mete el bisturi en España ?

Lenguas de europa Confieso haber publicado ésto tiempo atrás, con la idea de dar un retrato de la sanidad en España. Si bien puede no dejar de ser cierta, no menos cierto es también que las privatizaciones y los recortes que se están imponiendo, por dictados de la Unión Europea y el FMI, no son distintos a los que se aplicaron en la Argentina de los 90. Interesante ver, como España, se "come" todo su ajuste sanitario luego para pagar su deuda.

Image via Wikipedia

Fuente: El Pais 

La sanidad se enfrenta a las dudas sobre su sostenibilidad, pero también a sus errores de gestión - Los políticos compitieron en prometer hospitales; ahora les toca aplicar cirugía al sistema


Un español visita entre nueve y diez veces al año al médico, el doble que un francés o un británico. Ingiere más medicación (sobre todo antibióticos) que cualquier europeo. Solo el 15% de las veces que acude a un servicio de urgencias es para un caso realmente agudo. Y su esperanza de vida es una de las más altas de Europa. Cabría deducir que su longevidad es el fruto de sumar una forma de vida más saludable y un sistema sanitario accesible y de calidad. Luego nada debería cambiar. Los expertos no lo ven así: entienden que se han producido abusos, que el sistema sanitario español "tiene exceso de grasa" y que el enfermo está cambiando. Hay que modificar el modelo. Pero hacerlo en medio de una crisis económica obliga a una pregunta: ¿Están los políticos preparados para hacer de cirujanos?
El ciudadano no tiene datos sobre los resultados de los hospitales
Los cambios sociales y de población obligan a cambiar el modelo
España tiene más actos médicos que cualquier otro país de la OCDE
"No es sostenible que hay cirugías solo de 9 a 15 horas", dice un experto
La remuneración sin contar resultados está penalizando a los mejores
Los recelos entre comunidades frenan un sistema de control de calidad
El futuro es incierto por muchos motivos. Lo anuncia Albert Jovell, médico formado en Harvard y presidente del Foro Español de Pacientes: "Tenemos que considerar si el sistema podrá pagar lo que se le viene encima. Cada vez habrá más pacientes con varias enfermedades. Se nos avecina una epidemia de diabetes: un tercio de la población lo sufrirá y eso generará problemas de infartos, transplantes, cegueras...". La tendencia la confirma Eduard Portella, director de Antares Consulting, una compañía especializada en gestión de la salud con oficinas en varios países de Europa: "Hay una crisis de modelo. La oferta es muy especializada, está pensada para otro tipo de enfermo, el que tiene más de una enfermedad, que nada tiene que ver con el de ahora. Y el problema ya no será curarlo, sino mantenerlo con buena calidad de vida. Así, unos pocos gastan casi todo. Y nos encontramos con unos servicios sociales que son un mundo aparte".
El diagnóstico del sistema sanitario muestra que adolece de otro problema. El de la falta de información. El ciudadano debería saber que hay hospitales en España cuyo riesgo de mortalidad tras la utilización de una angioplastia coronaria es del doble respecto a otros centros. O que la tasa de mortalidad de ciertas dolencias menores registran diferencias de entre 2,2 y 4,5 veces entre áreas de salud. Datos que son desconocidos para los pacientes.
Cuando se habla de sanidad en España, el debate público ha estado caracterizado durante muchos años por una especie de concurso de buenas prácticas electorales según el cual se trataba de analizar quien prometía mayor número de hospitales y centros de salud. Se ha reflexionado sobre la equidad y la universalidad del acceso a la sanidad como una conquista que nos acerca a los países más avanzados socialmente. Se da por sentado que el sistema es excelente y más barato que en otros países de Europa. Es la joya de la corona de nuestro Estado del bienestar. Se acepta que hay un abuso en el consumo de medicamentos y conviene reducir el precio de la factura farmacéutica. Llegado el momento en el que la crisis económica coloca a las comunidades autónomas (para las que la sanidad ocupa un 40% de su presupuesto) en la tesitura de tener que hacer recortes, el debate debería ser otro. ¿Puede ser la sanidad más eficiente con menor coste?
Determinadas escenas son recurrentes a la hora de hacer una descripción de problemas que aquejan a la sanidad pública española. Pacientes en lista de espera desesperados porque su dolencia no acaba de solucionarse; servicios de urgencia con enfermos aguardando un diagnóstico en un pasillo o ancianos que deben esperar, entre fuertes dolores, dos meses para una prueba diagnóstica; ciudadanos que han sufrido las consecuencias de una negligencia. Escenas que suelen ir acompañadas de las declaraciones de médicos y enfermeros quejosos por un salario escaso que no recompensa tantos años de estudio. Es la foto de una sanidad necesitada de más inversiones.
Pero hay otros problemas que no están en la superficie, porque su conocimiento no está al alcance del ciudadano. Se debaten en simposios o se difunden en revistas médicas. Por ejemplo, las hospitalizaciones evitables para casos de complicaciones de diabetes pueden ser 12 veces más frecuentes en un área de salud que en otra. Los ingresos en hospitales debido a psicosis afectivas pueden ser 28 veces más frecuentes en un área de salud que en otra. El uso inapropiado de procedimientos (por ejemplo, la prostatectomía) puede variar hasta 7,7 veces. El aumento en la cifra de cesáreas es injustificado y se está generalizando. Estos y otros datos son síntomas de ineficacia y de abusos dentro del sistema. Así que dos escenas pueden aparecer contradictorias en un mismo hospital: tenemos al enfermo que aguarda en un pasillo para ser ingresado junto al paciente que ingresa demasiadas veces.
Los expertos coinciden en una frase cuando se refieren a la sanidad española: "Más gasto no equivale a más salud". Una frase más: "Tenemos más actos médicos que ningún otro país de la OCDE. Es un sistema inflacionista en actuaciones médicas".
En el transcurso de las últimas semanas se han producido varios hechos aparentemente contradictorios. La presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, inauguraba en la localidad de Torrejón un nuevo hospital muy al estilo de sus últimas obras: un edificio con diseño, amplios espacios y buena luminosidad dotado de todos los servicios para atender a cerca de 200.000 habitantes que viven en las proximidades. Casi paralelamente, la Generalitat anunciaba nuevos planes de recortes sanitarios: al cierre de algunos servicios y centros de salud durante el verano, le acompañaba un recorte lineal de salarios (media paga de navidad) entre los funcionarios del sistema sanitario, sin discriminar entre médicos, personal de enfermería o administrativos. Estas noticias se unían a otras conocidas durante el verano, como la resistencia en los centros sanitarios de la Comunidad Valenciana a expedir recetas a ciudadanos residentes en otras comunidades.
Tres circunstancias que ponen en evidencia diferentes formas de gestionar la sanidad en medio de la crisis. La noticia de la inauguración del hospital de Torrejón no ha estado acompañada de información alguna acerca de una remodelación de los servicios del Hospital de Alcalá de Henares, apenas a 10 kilómetros del recién inaugurado, que ahora debe responder a menos población. Ejemplo de que hay que revisar la gestión de los recursos.
Y no solo en la inauguración de centros. "No es sostenible que en España haya hospitales que hagan determinadas cirugías de 9 a 15h. Está demostrado que una unidad quirúrgica es mejor en cuanto opere más veces: la relación es directa", explica Juan del Llano, de la Fundación Gaspar Casal. "La grasa mala no solo es una exigencia económica. Es un principio de comportamiento no ético si se usan recursos que no se deben, si se toman decisiones no reflexionadas. Aquí hubo una carrera por abrir hospitales y centros de salud. Por ejemplo, en cirugía cardiaca infantil está científicamente comprobado que los resultados están asociados al volumen de operaciones. Cuanto más opera un médico, mejores resultados tiene. En ese sentido, no es de recibo que una misma comunidad autónoma tenga cuatro unidades de cirugía cardiaca infantil", sigue.
"La productividad quirúrgica de unas comunidades es mucho mayor que otras", asegura Juan Carlos Álvarez, socio director de Antares Consulting, experto en gestión de hospitales. "¿Hay sobreoferta? La respuesta sería 'no' por cuanto hay listas de espera, pero si la pregunta es si el sistema es eficiente, los números cantan solos: es sorprendente cómo varía la productividad entre hospitales". Un hospital público de Navarra opera un 80% más que uno de la vecina La Rioja.
La cuestión que se plantea es hacer cirugía con la sanidad en un sistema absolutamente descentralizado. ¿Dónde se hace necesario cortar y qué consecuencias traerá sobre la salud de los ciudadanos? ¿Habrá diferentes recortes según qué comunidades?
Entre el catálogo de causas que están en el origen del sobrepeso del sistema son redundantes dos. Una, la relacionada con el personal: el 45,4% del presupuesto sanitario va a gastos de personal, cuya productividad es baja en comparación con sus homólogos europeos (32 horas semanales por 39 en Alemania y Reino Unido o 35 en Francia) y su índice de absentismo es más elevado que la media española. Dos, una oferta hospitalaria excesiva (un hospital por cada 860.000 habitantes, el doble que otros países europeos) con un catálogo de servicios muy elevado. Así que recortar gastos de personal es una primera tentación, pero el problema es cómo hacerlo. "Las políticas de remuneraciones siempre han castigado al que lo hace mejor. Tenemos un problema de oferta muy rígida, con muchos funcionarios. Pregúntele a cualquier médico con quién se operaría. Ellos lo saben, nosotros, no", asegura Vicente Ortún, investigador del Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES).
"Aquí no puedes cerrar coyunturalmente centros sanitarios", asegura Ricard Meneu, médico y doctor en Económicas, vicepresidente de la Fundación Instituto de Investigación en Servicios de Salud. "Lo peor es que reducir empleo pasa por hacerlo donde es posible (interinidades), con lo que te arriesgas a perder bastantes profesionales motivados y productivos. Pero sí, hay que reducir personal. Pero hay que hacerlo con más cabeza. Lo peor para un sistema estúpidamente igualitarista, contrario a recompensar a sus profesionales por su mérito, y alérgico a tomar decisiones de priorización es establecer diezmos como recortes del 10% del gasto, del 5% de los sueldos, del número de camas, a despecho de la aportación de cada una de las unidades afectadas".
"A pesar de que se habla de una coincidencia en el diagnóstico, yo no lo tengo tan claro", asegura Eduard Portella. "Unos repercuten todo el problema en la farmacia y yo sostengo que se han tomado 22 medidas en 10 años sobre el tema medicamentos. Creo que el medicamento ha dado de sí todo lo que podía dar. Los hay que piensan que la solución es el copago como fórmula de completar la financiación. Luego, quienes sostienen que hay que privatizar el modelo y quienes culpan del sobrecoste al Estado de las autonomías. Yo soy de los que piensan que antes de hacer otro invento hay que agotar la vía de la mejora de la gestión. El problema es que una legislatura no es suficiente".
Aparece entonces el problema de la política. Estamos en un sistema donde cuando cambia un Gobierno o un consejero del mismo partido cesan los directores de hospitales, como reconoce José Manuel Freire, del Instituto Carlos III y portavoz socialista en la Asamblea de Madrid. Vicente Ortún es más explícito en este asunto: "Los gestores pintan poco. Las decisiones todavía son clínicas y políticas. Los gestores tienen un papel secundario. Hay un problema de transparencia. Pongamos los datos al acceso del público. El ciudadano tiene derecho a saber cuáles son los mejores hospitales y qué centros son más eficaces. El día que se sepa cuánto cuesta un aparato en una comunidad y cuanto en otra, habrá que dar explicaciones. Es un problema de gestión que no mejorará si no mejora la política".
Llegado el tiempo de recortes, los expertos se inclinan por un pacto sanitario, por un consenso, por eliminar las bolsas de ineficacia que no perjudiquen la salud del paciente, incluso por estudiar la cooperación entre servicios regionales de salud. "Lo deseable sería aplicar las reducciones en aquellos servicios donde, a partir de un cierto umbral, más no es mejor", propone Meneu. "Pero eso requiere finura quirúrgica. Y cierto valor para enfrentarse con los afectados. Algo que no abunda en nuestra política ni en nuestra gestión pública, prefiriéndose generalmente escurrir el bulto, lo que parece que genera cabreados pero no enemigos", sigue.
"Hay que ser valientes", explica Juan de Llano. "Y tener coraje. Si el ciudadano está mejor informado se le pueden decir las cosas. La información es un asunto crucial y eso nos lleva a la transparencia. Es curioso porque las comunidades han hecho inversiones importantes en sistemas de información, pero no es un sistema conectado a nivel central", dice. De Llano toca un punto sensible: cada comunidad usa su propio sistema de información. Las aplicaciones informáticas en atención primaria con casi todas diferentes: la historia de salud digital en Andalucía es el programa Diraya, el de Valencia es Abucasis, la dispersión en historia clínica hospitalaria es aún mayor.
"He defendido que el sistema sanitario necesita deshacerse de grasa, aunque no de músculo", sostiene Meneu. "Deshacerse de grasa significa revisar ciertas prestaciones de eficacia cuestionable. Significa no hacer lo que no se debe, como haber multiplicado casi por 17 los costes en sistemas de información para la gestión, desarrollando uno cada autonomía. La falta de transparencia no solo es una burla democrática, es además una rémora a la mejora de la sanidad, pues está demostrado que esta información incentiva la mejora profesional por comparación. O sea que esta conducta de nuestros gobernantes sanitarios además de hacerlos socialmente impunes por irresponsables, les hace dañinos por impedir mejoras a partir de una información que ya existe, que ellos manejan y que hemos pagado todos los ciudadanos. De lo anterior se desprende que tomarán decisiones menos correctas por no disponer de una información existente que está indebidamente limitada. Si no podemos saber quién es el que lo hace mejor nos condenamos a insistir en nuestros errores".
En un panel organizado en julio de 2010 en Barcelona se les puso a 13 expertos en gestión ante 101 posibles medidas para mejorar la eficiencia del Sistema Nacional de Salud "manteniendo los resultados clínicos y de salud para pacientes y poblaciones". Las medidas más valoradas fueron las relacionadas con el buen gobierno (control de la corrupción, clientelismo político, conflicto de intereses) y la transparencia.
¿Hay datos suficientes para valorar cada modelo, cada hospital, la eficacia general del sistema? Los recelos entre las administraciones políticas han impedido la libre circulación de resultados hasta el punto de que la Agencia de Calidad, que en su día constituyó la ministra Ana Pastor (PP), no ha logrado todavía los objetivos para los que fue creada. Algunas comunidades han sido resistentes a la hora de enviar información (la de Madrid respecto de las listas de espera ha sido la más sonada). Sin embargo, se ha producido un hecho curioso, relacionado con el trabajo de unos científicos del Instituto Aragonés de la Salud, dirigidos por Enrique Bernal, en colaboración con otros colegas de Valencia, a la hora de confeccionar un Atlas de Variabilidad, una herramienta muy interesante para evaluar lo que se está haciendo en cada comunidad. Estos investigadores sí reciben datos, incluidos los de Madrid, la última en incorporarse, a cambio de que las comunidades aparezcan como participantes en la investigación. Sin embargo, los estudios no identifican regiones ni hospitales. Sólo habla genéricamente de áreas de salud.
¿Cuál es la razón? Algunos no quieren salir mal parados.
En esas condiciones, ante un enfermo cuyo diagnóstico no se quiere hacer público, ¿cómo actuarán los políticos cuando tengan que hacer cirugía con la sanidad?

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19 septiembre, 2011

Una empresa comprometida con la salud.........un de-Roche


La multinacional Roche admitió que no entregará algunos   antitumorales a hospitales de Grecia, medida que tomaría en lo pronto en   España. Es por el retraso de los pagos, que alcanza los varios meses. En el   país helénico, otros laboratorios ya retiraron algunos fármacos del mercado.  
El fantasma de la crisis financiera se extienda   en Europa a cada vez más países y cada vez más sectores. Durante el fin de   semana, el anuncio del laboratorio Roche –que advirtió que dejará de   suministrar algunos medicamentos a varios hospitales de Grecia y España   –despertó la alarma en materia sanitaria. Especialistas aseguran que esta   situación puede extenderse a otras partes del mundo.  
   
  En un artículo publicado por el diario El País, el director general de Roche   Severin Schwan aseguró que su empresa “ya no entrega medicamentos destinados   a curar el cáncer y otras enfermedades” a los hospitales de Grecia, medida   que se extendería en lo inmediato a España y otros países. Por esto, los   pacientes tienen que comprar el tratamiento antitumoral en la farmacia y pagarlo   de su bolsillo.
   
  En el país ibérico, la situación causa alarma. La filial española de Roche   afirma que "al igual que sucede en otros países, la situación de crisis   y deuda en España es significativa y, en el caso de algunas comunidades   autónomas se encuentra al límite". La compañía destaca que la mayoría de   sus operaciones se centran en los hospitales, por lo que es   "especialmente vulnerable a la morosidad" de las administraciones y   por eso "su impacto en la compañía es más grave y más rápida que para   otros laboratorios".  
   
  Según El País, a 31 de marzo, la deuda de los hospitales públicos españoles   con el sector ascendía a 5.191 millones pero ya ha superado los 5.400   millones, según la patronal del sector, Farmaindustria. La demora media en el   pago es ya de un año y dos meses. Hay comunidades, como Castilla y León, que   pagan con casi dos años de retraso de media. Roche destaca que   "determinados hospitales de Castilla y León" acumulan   "retrasos superiores a los 900 días", casi dos años y medio,   mientras que en Andalucía, Valencia y Castilla-La Mancha el periodo medio de   pago supera los 600 días.
   
  Roche insiste en que esto "supera ampliamente los plazos de demora en el   pago que marca la ley" y que a pesar de ello lleva meses negociando con   las comunidades para evitar el desabastecimiento.
   
  Humberto Arnés, director general de Farmaindustria, huye de la comparación   con Grecia: "En España hay problemas porque las empresas farmacéuticas   están financiando el déficit de las comunidades y hay una gran deuda. Pero   está reconocida, contabilizada y se va a cobrar. El problema es que quien ha   prestado a Grecia ya se arriesga a no ver el dinero". "Hay un   problema y el pago del sistema sanitario debería ser prioritario, porque   además así lo piden los ciudadanos, pero no hay riesgo de   desabastecimiento", añade Arnés.
   
  Una portavoz del Ministerio de Sanidad coincide en distanciarse de Grecia:   "La situación de los proveedores no tiene nada que ver. Ni contemplamos   que ocurra algo parecido a lo de Grecia y hay incluso garantías legales para   recibir el tratamiento. El sistema sanitario es sostenible".
Si la situación de   España preocupa, en Grecia se está al borde del colapso. En el país helénico,   además de Roche otras empresas como la danesa Novo Nordisk cortó el   suministro de ciertos tipos de insulina con el argumento de que se había   reducido los precios más de un 25 por ciento. En junio pasado Leo Pharma se   sumó a Novo y dejó de vender dos de sus medicamentos (un anticoagulante y   otro para la soriasis) en el país. El Gobierno de Papandreu finalmente cedió   y aceptó no rebajar tanto el precio. La Asociación Helénica de Farmacéuticas   calcula que los hospitales públicos han pagado tan solo un 37 por ciento de   los 1.900 millones de euros que gastaron en medicinas desde enero de 2010 a   junio de 2011.
   
Kaitanibi replica que la mayor parte de la deuda   del sector es de hace años, ya que el Gobierno está haciendo ahora un   esfuerzo por pagar más rápido. La deuda total que arrastran los hospitales   con todos sus proveedores ronda los 8.000 millones de euros.
   
"Hace seis meses tuvimos un problema con la   recepción de medicamentos, pero ahora no he notado nada", afirma el   cirujano Antonis Doumoulakis, que asegura que uno de los problemas del   sistema es la corrupción del sistema público, que hace que muchas farmacéuticas   ofrezcan dinero o regalos a los médicos que receten sus productos. "Por   eso el Gobierno quiere hacer un experimento con los tres mayores hospitales   del país: que solo podamos elegir una marca para cada fármaco", explica.   La idea es ejercer un control más estricto sobre la gestión de los centros   para controlar unos costes que se han disparado.
   
Ante esta amenaza, el ministerio de Sanidad   explicó que los pacientes de España "pueden estar tranquilísimos"   respecto al suministro de medicamentos. Sin embargo, hay preocupación en   varios aspectos.
BUENOS AIRES: La multinacional Roche admitió que no entregará algunos   antitumorales a hospitales de Grecia, medida que tomaría en lo pronto en   España. Es por el retraso de los pagos, que alcanza los varios meses. En el   país helénico, otros laboratorios ya retiraron algunos fármacos del mercado.  
El fantasma de la crisis financiera se extienda   en Europa a cada vez más países y cada vez más sectores. Durante el fin de   semana, el anuncio del laboratorio Roche –que advirtió que dejará de   suministrar algunos medicamentos a varios hospitales de Grecia y España   –despertó la alarma en materia sanitaria. Especialistas aseguran que esta   situación puede extenderse a otras partes del mundo.  
   
  En un artículo publicado por el diario El País, el director general de Roche   Severin Schwan aseguró que su empresa “ya no entrega medicamentos destinados   a curar el cáncer y otras enfermedades” a los hospitales de Grecia, medida   que se extendería en lo inmediato a España y otros países. Por esto, los   pacientes tienen que comprar el tratamiento antitumoral en la farmacia y pagarlo   de su bolsillo.
   
  En el país ibérico, la situación causa alarma. La filial española de Roche   afirma que "al igual que sucede en otros países, la situación de crisis   y deuda en España es significativa y, en el caso de algunas comunidades   autónomas se encuentra al límite". La compañía destaca que la mayoría de   sus operaciones se centran en los hospitales, por lo que es   "especialmente vulnerable a la morosidad" de las administraciones y   por eso "su impacto en la compañía es más grave y más rápida que para   otros laboratorios".  
   
  Según El País, a 31 de marzo, la deuda de los hospitales públicos españoles   con el sector ascendía a 5.191 millones pero ya ha superado los 5.400   millones, según la patronal del sector, Farmaindustria. La demora media en el   pago es ya de un año y dos meses. Hay comunidades, como Castilla y León, que   pagan con casi dos años de retraso de media. Roche destaca que   "determinados hospitales de Castilla y León" acumulan   "retrasos superiores a los 900 días", casi dos años y medio,   mientras que en Andalucía, Valencia y Castilla-La Mancha el periodo medio de   pago supera los 600 días.
   
  Roche insiste en que esto "supera ampliamente los plazos de demora en el   pago que marca la ley" y que a pesar de ello lleva meses negociando con   las comunidades para evitar el desabastecimiento.
   
  Humberto Arnés, director general de Farmaindustria, huye de la comparación   con Grecia: "En España hay problemas porque las empresas farmacéuticas   están financiando el déficit de las comunidades y hay una gran deuda. Pero   está reconocida, contabilizada y se va a cobrar. El problema es que quien ha   prestado a Grecia ya se arriesga a no ver el dinero". "Hay un   problema y el pago del sistema sanitario debería ser prioritario, porque   además así lo piden los ciudadanos, pero no hay riesgo de   desabastecimiento", añade Arnés.
   
  Una portavoz del Ministerio de Sanidad coincide en distanciarse de Grecia:   "La situación de los proveedores no tiene nada que ver. Ni contemplamos   que ocurra algo parecido a lo de Grecia y hay incluso garantías legales para   recibir el tratamiento. El sistema sanitario es sostenible".
Si la situación de   España preocupa, en Grecia se está al borde del colapso. En el país helénico,   además de Roche otras empresas como la danesa Novo Nordisk cortó el   suministro de ciertos tipos de insulina con el argumento de que se había   reducido los precios más de un 25 por ciento. En junio pasado Leo Pharma se   sumó a Novo y dejó de vender dos de sus medicamentos (un anticoagulante y   otro para la soriasis) en el país. El Gobierno de Papandreu finalmente cedió   y aceptó no rebajar tanto el precio. La Asociación Helénica de Farmacéuticas   calcula que los hospitales públicos han pagado tan solo un 37 por ciento de   los 1.900 millones de euros que gastaron en medicinas desde enero de 2010 a   junio de 2011.
   
Kaitanibi replica que la mayor parte de la deuda   del sector es de hace años, ya que el Gobierno está haciendo ahora un   esfuerzo por pagar más rápido. La deuda total que arrastran los hospitales   con todos sus proveedores ronda los 8.000 millones de euros.
   
"Hace seis meses tuvimos un problema con la   recepción de medicamentos, pero ahora no he notado nada", afirma el   cirujano Antonis Doumoulakis, que asegura que uno de los problemas del   sistema es la corrupción del sistema público, que hace que muchas farmacéuticas   ofrezcan dinero o regalos a los médicos que receten sus productos. "Por   eso el Gobierno quiere hacer un experimento con los tres mayores hospitales   del país: que solo podamos elegir una marca para cada fármaco", explica.   La idea es ejercer un control más estricto sobre la gestión de los centros   para controlar unos costes que se han disparado.
   
Ante esta amenaza, el ministerio de Sanidad   explicó que los pacientes de España "pueden estar tranquilísimos"   respecto al suministro de medicamentos. Sin embargo, hay preocupación en   varios aspectos.

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19 marzo, 2011

La radiación nuclear: invisible e inodora, pero devastadora

Map of Fukushima Prefecture.Image via Wikipedia

La radiación nuclear: invisible e inodora, pero devastadora

Un médico mide la radiación de un residente de Otama, cerca de Fukushima. | EfeUn médico mide la radiación de un residente de Otama, cerca de Fukushima. | Efe
La radiación "ni se ve ni se huele, pero sus efectos son a largo plazo y dañarán la salud y el medioambiente durante años", así describe las consecuencias del accidente nuclear ocurrido en una central japonesa, Eduard Rodríguez-Farré, radiobiólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Rodríguez-Farré ha asegurado que colegas científicos ya han medido contaminantes como el yodo o el cesio en la radiación liberada en Fukushima, donde ya se ha producido la fusión parcial de dos de sus reactores ante la falta de refrigeración provocada por el terremoto y maremoto que han azotado el país.
"En el núcleo de un reactor nuclear existen más de 60 contaminantes radiactivos a partir de la fisión del uranio, unos de vida muy larga y otros de vida muy corta, pero casi todos tienen una gran afinidad con nuestro organismo y se acumulan en él, ya que son parecidos a nuestros elementos biológicos", explica el científico.
Rodríguez-Farré, uno de los mayores expertos internacionales en radiaciones nucleares y autor de estudios sobre las consecuencias de la catástrofe nuclear de Chernóbil, afirma que de entre esos 60 contaminantes, los que tendrían mayores consecuencias para la salud humana serían el yodo, el estroncio 90 y el cesio (C-137).
"El yodo afecta inmediatamente y deja mutaciones en los genes, a partir de las cuales se puede desarrollar luego el cáncer de tiroides", sostiene el toxicólogo, quien recuerda que el accidente de Chernóbil multiplicó por diez los casos de cáncer de tiroides en Centroeuropa.
Por su parte, "el estroncio se acumula en los huesos un mínimo de 30 años, como si fuera calcio, y durante años continúa irradiando el organismo; mientras que el cesio queda depositado en los músculos".
Ambos contaminantes "aumentan el riesgo de todo tipo de cánceres, especialmente de huesos, músculos y tumores cerebrales, disminuyen la inmunidad del organismo y aumentan la capacidad de sufrir otras patologías".
Además, "la radiación altera la reproducción", ha recordado este médico, miembro del Comité Científico de Nuevos riesgos para la salud de la Unión Europea, y "afecta más a las mujeres que a los hombres".
La explicación estriba en que "los espermatozoides se regeneran totalmente cada 90 días y un espermatozoide alterado desaparece en ese periodo, pero los óvulos están en los ovarios toda la vida, y si un óvulo alterado por la radiación es fecundado posteriormente, habrá malformaciones en el feto, aunque sea años después".
Las consecuencias para el medioambiente no son menores: "A largo plazo la contaminación nuclear se deposita en el suelo y en el mar, y se incorpora a la cadena trófica, de los peces, que son la base de la dieta en Japón, del resto de animales, de las plantas, la fruta, las verduras...".
Este proceso, argumenta el científico, "se va bioacumulando, es decir, va pasando de un ser vivo a otro y va empeorando", y un ejemplo de ello es el de los "miles de renos que hubo que sacrificar en el Ártico tras Chernóbil, porque estaban absolutamente contaminados a través de los líquenes que habían comido".

Medidas a tomar

Respecto a las medidas a tomar para prevenirse de la contaminación radiactiva, Rodríguez-Farré señala que el contacto con la piel se puede eliminar lavándose con el mismo celo que tiene un cirujano cuando entra a un quirófano: limpiando y cepillando el cuerpo, el pelo y las uñas con detergente; y desechando la ropa.
Más complicado es luchar contra la principal vía de contacto con los contaminantes: "La inhalación", ante la cual prácticamente sólo son efectivas pastillas de yodo como las que las autoridades japonesas están repartiendo a la población.
"El tiroides cuando está repleto de yodo elimina el que le sobra, así que si tú saturas de yodo normal el tiroides —con las citadas pastillas—, ayudas a que si inhalas yodo radiactivo lo elimines rápidamente", aclara.