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06 junio, 2013

Pneumococcal Vaccine in Australia

The making of a DNA vaccine.
The making of a DNA vaccine. (Photo credit: Wikipedia)

Source: Australian Prescriber - June 2013 - Acess to full text.

Summary

Universal vaccination of Australian children with the 7-valent pneumococcal conjugate since 2005 has substantially reduced invasive pneumococcal disease. Herd immunity has also been observed in
adults.
Conjugate vaccines of higher valency, which provide additional serotype coverage, became available in 2009. The 13-valent vaccine replaced the 7-valent vaccine in the National Immunisation Program
in July 2011.
The 23-valent polysaccharide vaccine is recommended for all adults aged 65 years or over and for Aboriginal and Torres Strait Islander adults aged 50 years or over. It is also indicated in younger
people with risk factors for invasive disease.
Additional pneumococcal vaccine doses are recommended for children and adults at increased risk of invasive disease.
The Australian Immunisation Handbook 10th edition contains detailed recommendations.
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21 mayo, 2013

Resultados preliminares de la vacuna frente a 13 serotipos de neumococo

Kaplan SL, Barson WJ, Lin PL, Romero JR, Bradley JS, Tan TQ, et al. Early Trends for Invasive Pneumococcal Infections in Children After the Introduction of the 13-valent Pneumococcal Conjugate Vaccine. Pediatr Infect Dis J. 2013 Mar; 32:203-7. D.O.I.: 10.1097/INF.0b013e318275614b. 

Full Article

Revisores: del Río García MD1, Molina Arias M2

1Servicio de Cuidados Intensivos Pediátricos del Hospital Infantil Universitario La Paz. Madrid (España).
2Servicio de Gastroenterología y Nutrición. Hospital Infantil Universitario La Paz. Madrid. (España).
Correspondencia: Miguel David del Río García. Correo electrónico: delrio.md@gmail.com
Palabras clave: vacunas neumocócicas; vacunas; vacunación; programas de inmunización; infecciones neumocócicas
Keywords: pneumococcal vaccines; vaccines; vaccination; immunization programs; pneumococcal infections
Fecha de recepción: 24/04/2013   Fecha de aceptación: 09/05/2013   Fecha de publicación: 16/05/2013   

Resumen Estructurado

Objetivo: estudiar el efecto de la ampliación con los serotipos cubiertos por la vacuna antineumocócica 13-valente (VAN-13) sobre la incidencia de enfermedad neumocócica invasiva (ENI).
Diseño: estudio de incidencia retrospectivo. Emplazamiento: ocho hospitales pediátricos de EE. UU.
Población de estudio: se incluyeron los niños diagnosticados de ENI desde septiembre de 1993 hasta diciembre de 2011. Se consideró infección sistémica cuando se obtuvo un cultivo positivo de una localización habitualmente estéril (sangre, líquido cefalorraquídeo, pleural, sinovial, peritoneal, etc.). Se consideró neumonía neumocócica cuando hubo una radiografía de tórax patológica junto con un cultivo positivo de sangre, líquido pleural o aspirado pulmonar. Para realizar el diagnóstico de mastoiditis se precisó un cultivo positivo del aspirado de oído medio, de un absceso subperióstico o de la mastoides.
Intervención: se compararon los periodos de uso de la vacuna antineumocócica heptavalente (VAN-7) (hasta 2010) y VAN-13 (desde marzo de 2010), evaluando los casos de ENI, los casos por serotipos cubiertos por las dos vacunas y los casos de resistencia antibiótica.
Medición del resultado: se prestó especial atención al periodo de cinco años (2007-2011) que comprende los dos primeros de uso de la VAN-13 y los tres previos a su introducción, considerando como resultado principal la incidencia de ENI. Se determinó el tipo de vacuna recibida a partir de la historia clínica o mediante contacto con el médico del paciente. Se consideró fracaso vacunal si la infección se producía en las dos semanas siguientes a la administración. Variables secundarias de estudio fueron el número de casos de ENI en tres grupos de edad (menores de dos años, de dos a cinco años, mayores de cinco años), el serotipo causante, la localización de la infección, la patología de base y la susceptibilidad a los antibióticos de uso más frecuente.
Resultados principales: tras la introducción de la VAN-13 se produjo un descenso global del 42% en la incidencia de ENI respecto al periodo previo, siendo el descenso del 53% en menores de dos años y del 46% en el grupo de dos a cinco años. Durante 2011 se observó un descenso de las infecciones producidas por los seis nuevos serotipos de neumococo incluidos en la VAN-13 (1, 3, 5, 6A, 7F y 19A) del 57% (58 casos frente a 134). El serotipo más frecuente fue el 19A, cuya incidencia disminuyó un 58% respecto al periodo previo. No se observó aumento de la frecuencia de las ENI producidas por los serotipos incluidos en la VAN-7. La frecuencia de ENI disminuyó en todas las localizaciones, a excepción de la meningitis, en la que no hubo cambios apreciables durante los cinco años. No se observaron cambios de incidencia en los niños con otra patología subyacente. Durante el año 2011 se observó una menor frecuencia de resistencia a penicilina (8,2 frente al 21,2% del periodo previo) y ceftriaxona, no detectándose cambios en la frecuencia de resistencia frente al resto de los antibióticos probados.
Conclusión: la vacunación sistemática con VAN-13 disminuye la incidencia de ENI en comparación con los tres años previos a su uso. Es necesario un seguimiento más prolongado para determinar su efectividad, incluida la inmunidad colectiva, y la posible aparición de serotipos invasores.
Fuente de financiación: financiado parcialmente por Pfizer.

Comentario Crítico


Justificación: es bien conocido que el uso generalizado de la vacuna neumocócica conjugada ha permitido disminuir el riesgo de infección neumocócica grave, especialmente en los niños de menor edad. Existen pruebas suficientes de la eficacia de la VAN-7 para la prevención de ENI, especialmente sepsis y meningitis1, aunque existe preocupación porque su efectividad a largo plazo podría verse reducida por la aparición de cambios en el perfil de serotipos causantes de enfermedad. En este sentido, poder disponer de vacunas con mayor cobertura permitiría mejorar la prevención de ENI.
Validez o rigor científico: la mayor limitación del estudio es estar basado en datos de casos incidentes en lugar de basarse en datos generales de población. La variable de resultado se define de forma adecuada (la ENI), pero se limita únicamente a los pacientes hospitalizados durante el periodo de cinco años finales (los tres previos y los dos primeros de utilización de VAN-13). Esto podría constituir un sesgo de selección, ya que solo se incluyen aquellos casos que precisan ingreso hospitalario. Para medir la variable de resultado se utilizan porcentajes respecto al número de casos nuevos detectados en lugar de tasas de incidencia, mucho más adecuadas para un estudio descriptivo con una cohorte poblacional abierta. Hay que asumir que la población permanece constante para poder valorar los resultados, hecho que no parece comprobarse por parte de los autores. Por último, los datos abarcan un periodo de tiempo reducido, prácticamente solo el último año (2011), único año completo desde la introducción de VAN-13. Importancia clínica: los resultados son concordantes con otros reflejados en la literatura2, que muestran una eficacia de la VAN-13 del 78% en menores de un año y del 77% en mayores de esta edad. Existen también ensayos clínicos previos que demuestran la inmunogenicidad y la seguridad de la VAN-133, así como su coste-efectividad4. Sin embargo, para poder estimar la verdadera importancia clínica de los resultados de este trabajo hubiese sido deseable conocer los datos a nivel poblacional y la reducción de otras medidas de impacto como mortalidad o ingreso hospitalario por ENI, datos no disponibles por el diseño del estudio. Aunque se observa una aparente disminución significativa de la incidencia de ENI en menores de dos años, no se obtuvo una mayor prevención de algunas de las formas más graves, como las meningitis. Resulta también interesante el hecho de que, a pesar de no observarse diferencias entre niños con mayor o menor riesgo, la mayor parte de las infecciones por serotipo 19A (incluido en la VAN-13) se produjeron en menores de seis meses y en niños con otras patologías subyacentes.
Aplicabilidad en la práctica clínica: los datos obtenidos podrían ser adaptados a nuestro entorno, aunque habría que tener en cuenta la proporción de nuestra población de riesgo que es vacunada frente a neumococo. Dados los beneficios potenciales, parece razonable ampliar la vacunación a los serotipos incluidos en la VAN-13, aunque es necesario realizar estudios poblacionales más prolongados para confirmar estos resultados preliminares y detectar la posible aparición de cambios en el perfil de serotipos causantes de infección.
Conflicto de intereses de los autores del comentario: no existe.

Cómo citar este artículo

del Río García MD, Molina Arias M. Resultados preliminares de la vacuna frente a 13 serotipos de neumococo. Evid Pediatr. 2013;9:28.

Bibliografía

  1. Ochoa Sangrador C, Andrés de Llano JM. ¿Es coste-efectiva la vacunación de rescate frente a 13 serotipos de neumococo? Evid Pediatr. 2012;8:10.
  2. Miller E, Andrews NJ, Waight PA, Slack MP, George RC. Effectiveness of the new serotypes in the 13-valent pneumococcal conjugate vaccine. Vaccine. 2011;29:9127-31.
  3. Bryant KA, Block SL, Baker SA, Gruber WC, Scott DA; PCV13 Infant Study Group. Safety and immunogenicity of a 13-valent pneumococcal conjugate vaccine. Pediatrics. 2010;125:866-75.
  4. Rozenbaum MH, van Hoek AJ, Fleming D, Trotter CL, Miller E, Edmunds WJ. Vaccination of risk groups in England using the 13 valent pneumococcal conjugate vaccine: economic analysis. BMJ. 2012;345:e6879.

04 enero, 2012

Experimentando con humanos, si son pobres mejor


El ensayo clínico con niños argentinos para probar una vacuna contra la neumonía y la otitis media denominado Compas no respetó los derechos de los pacientes . Sus responsables no dieron a los padres suficiente información sobre los riesgos potenciales del estudio. E hicieron firmar consentimientos a personas pobres que no sabían leer ni escribir. Lo dice el Estado en una serie de disposiciones y lo avala la Justicia en cada una de las decisiones que tomó hasta aquí. Es lo que volvió a suceder la semana pasada, con la ratificación, por parte del juez penal económico Marcelo Aguinsky, de una millonaria sanción impuesta a los responsables del experimento.
La Corte Suprema de Justicia tendrá la última palabra sobre las tres multas aplicadas desde 2007 al laboratorio internacional GlaxoSmithKline por las prácticas que utilizó al momento de reclutar niños en las provincias de Santiago del Estero, Mendoza y San Juan,de un millón de pesos cada una .
Estas sanciones, las máximas contempladas por la normativa vigente , son consecuencia de una investigación periodística del diarioClarín , que lleva cuatro años de seguimiento y ninguna desmentida.
Las notas, publicadas desde el 23 de diciembre de 2007, fueron producto de entrevistas a damnificados, cotejo de documentación, informes clave de los corresponsales y visitas a zonas vulnerables en las que se realizó el ensayo. Fueron reconocidas por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, de Gabriel García Márquez, que la incluyó en la selección oficial de su premio anual.
Los denunciantes originales, médicos de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud Argentina (Fesprosa), y el organismo que detectó y sancionó las irregularidades, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), intentaron ser invalidados por el laboratorio, que aún no desembolsó un peso por las multas , a la espera del pronunciamiento judicial definitivo .
“La vacuna está aprobada y es segura, pero se detectaron irregularidades en el proceso de captación de niños. Se descubrieron decenas de casos en los que no se hicieron bien las cosas. La resolución del juez Aguinsky habla específicamente del ensayo en Mendoza y nos satisface, porque ratifica la actuación de la ANMAT”, señaló a Clarín el director de Relaciones Institucionales del organismo, Roberto Lede.
El caso de Santiago del Estero ya está en la Corte y el de San Juan, en proceso de apelación en las instancias inferiores. En los tres casos, se cuestiona a Glaxo y a investigadores principales que ejecutaron el ensayo. La idea original del laboratorio era captar a 17 mil niños, pero en agosto de 2008, ante las críticas, suspendió el reclutamiento y las conclusiones se sacaron en base a 13.981 casos. Catorce chicos murieron, pero tanto el Gobierno nacional como GlaxoSmithKline aseguran que no fue por la vacuna .
El Gobierno, a través de la ANMAT, asegura que la vacuna de Glaxo “es segura” y que lo deficiente fue el proceso de captación de niños. En un comunicado, el organismo dijo que la vacuna está “aprobada y en vigencia en más de 80 países (incluida la Argentina), entre ellos, todos los de alta vigilancia sanitaria”.
“La ANMAT realizó inspecciones sobre la marcha del estudio, detectándose irregularidades en el procedimiento de selección e ingreso de algunos pacientes”. “Dichas irregularidades estaban relacionadas a fallas en el procedimiento de obtención del consentimiento informado de participación, vulnerando los derechos de los pacientes ”.

  • La Administración Nacional de Alimentos, Medicamentos y Tecnología (Anmat), que multó al laboratorio GlaxoSmithKline (GSK) por irregularidades durante pruebas realizadas en niños para la producción de una vacuna contra la neumonía y la otitis, destacó ayer que la vacuna testeada durante la investigación “es segura”. Al mismo tiempo, aclaró que la vacuna contra el neumococo que se aplica en el calendario nacional no pertenece a este laboratorio, sino a Pfizer. La aclaración surge tras la divulgación del fallo judicial que ratifica la condena por un millón de pesos establecida por Anmat a GSK por las deficiencias en el debido consentimiento informado durante la investigación en las provincias de Mendoza y Santiago del Estero. La Anmat aclaró además que “ninguno de los fallecimientos” de niños que pasaron por la experiencia “se vincula con la administración de la vacuna”. GSK apelará el fallo ante la Corte Suprema de Justicia, aunque el máximo tribunal ya se expidió, rechazando un recurso similar del mismo laboratorio, por otra multa de la Anmat.
    El laboratorio fue sancionado porque la Anmat demostró que hubo casos de autorizaciones para participar del estudio firmados por padres que eran menores de edad, no estaban enterados o, incluso, se habían negado. El protocolo de investigación Compass, autorizado por la Anmat, se aplicó entre 2007 y 2011 en 24 mil chicos de Argentina, Panamá y Colombia, según confirmó el laboratorio a este diario. En el país, formaron parte unos catorce mil niños, provenientes de San Juan, Santiago del Estero y Mendoza. Se probaba la efectividad de una vacuna contra el neumococo, para evitar las enfermedades relacionadas. Tanto en Santiago del Estero como en Mendoza, la Anmat multó a la empresa con su pena máxima, un millón de pesos, por las irregularidades registradas.
    Durante el procedimiento de investigación, doce niños que participaban fallecieron, pero sus muertes “no se vinculan con el estudio”, explicó a Página/12 el director de Relaciones Institucionales de la Anmat, Roberto Lede. En las pruebas algunos chicos eran vacunados con la medicina experimental y otros con un placebo. “Los chicos fallecidos habían recibido placebo, es decir un símil de la vacuna, pero sin ninguna sustancia activa, por lo tanto sus muertes no tuvieron que ver con la investigación”, detalló.
    La polémica se desató a raíz del fallo dictado por el juez en lo Penal Económico Marcelo Aguinsky, que ratificó la multa dispuesta por la Anmat de 400 mil pesos a pagar por GSK, 300 mil para el investigador principal en esa provincia y ex presidente de la seccional mendocina de la Sociedad Argentina de Pediatría, Héctor Abate, y una suma igual para el jefe del proyecto a nivel nacional, Miguel Tegnaghi. Tras tres inspecciones realizadas en 2007, la Anmat realizó esa condena por documentaciones no presentadas, falta de datos sobre las historias clínicas, entre otras faltas. En un caso, “una abuela, analfabeta, fue quien otorgó el consentimiento”, sin la presencia de un testigo en el acto, detalla el fallo revelado el lunes por Página/12. También hubo un registro de “la vacunación de un sujeto cuya madre se habría negado expresamente a participar del estudio”, asegura el texto.
    “GlaxoSmithKline va a ejercer su derecho a apelar ante la Corte Suprema aportando todos los documentos que comprueban que el protocolo de investigación se realizó con seguridad”, afirmó a este diario la directora médica de Glaxo en Argentina, Rosana Felice. Además, resaltó que “en las siete inspecciones que hizo Anmat y las tres del Comité de Etica independiente, en ningún caso se cuestionó la seguridad de la vacuna, ni que ningún niño hubiera sido incluido en contra de su voluntad”. Respecto de los fallecimientos, aclaró que “el diagnóstico final señala que murieron por las causas habituales que indican las estadísticas nacionales”. “No hay ninguna posibilidad de coima, fraude o corrupción” vinculada con los estudios, agregó.
    No es la primera vez que GSK apelará al máximo tribunal de Justicia. En 2011, la Corte dejó firme una multa de la Anmat contra GSK por las irregularidades, de tipo similar, producidas en Santiago del Estero. En esa ocasión, la Corte confirmó la resolución del juez Alejandro Catania, que había ratificado la multa por otro millón. La Corte argumentó que no existía en el caso “cuestión federal suficiente” para abrir el recurso.
    Por su parte, la Federación de Profesionales de la Salud de la Argentina (Fesprosa) reclamó la sanción de una ley que regule la investigación biomédica. El titular de ese organismo señaló que hace falta un marco legal más claro sobre la responsabilidad penal de los profesionales y empresas involucradas y la permanente actividad de Comités de Bioética que actúen de forma independiente en los hospitales públicos. “La multa de un millón de pesos es importante, pero insuficiente; Glaxo cobrará con la vacuna –que está disponible en 85 países– el valor de cien mil multas”, destacó.
    Informe: Rocío Magnani
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27 octubre, 2008

NYT: Worrisome Infection Eludes a Leading Children’s Vaccine

New York Times

A highly drug-resistant germ has become a common cause of meningitispneumonia and other life-threatening conditions in young children. The culprit — a strain of strep bacteria — can conquer almost all antibiotics in pediatrics, and has dodged a vaccine otherwise credited with causing the number of serious infections in children to plummet.

GJLP/Photo Researchers

Infection with one type of strep bacteria is steadily rising.

RSS Feed

Hybrid Medical Animation/Photo Researchers

The rates of diseases caused by strep bacteria have increased.

Since 2000, American toddlers have been immunized against Streptococcus pneumoniae, or pneumococcus, an organism that preys largely on children younger than 5 and the elderly. Pneumococcal meningitis can be fatal, and survivors are often left with deafness and other lifelong neurological problems.

And by most measures, the vaccine has worked: by 2002, rates of infection from these bacteria had dropped as much as 80 percent in some places. But progress has now stalled, and infection with a particular type of pneumococcus, Serotype 19A, is steadily rising.

“It’s very much a concern,” said Bernard Beall, a pneumococcal expert at the federal Centers for Disease Control and Prevention. Last year, in The Journal of the American Medical Association, pediatricians described an outbreak of Serotype 19A ear infections in Rochester that could be cured only by surgically implanting tubes, or by turning to adult medicines not yet tested for safety in children.

A greater worry, however, is the frequency of meningitis, pneumonia and bloodstream infections from Serotype 19A. Since 2001, rates of these and other invasive pneumococcal diseases have crept upward, to more than 10 per 100,000 children from about 2 per 100,000. A fourfold increase in life-threatening infections has also occurred among the elderly.

The vaccine, Prevnar, is aimed at seven types of bacteria that were responsible for 70 to 80 percent of pneumococcal illness during the 1990s. Because pneumococci come in 91 forms, experts have worried from the start whether bacteria that were just as deadly, but not wiped out by the vaccine, might move in as opportunists when the competition suddenly vanished.

“Nature abhors a vacuum,” said Dr. Steven Black of Cincinnati Children’s Hospital. Indeed, almost all pneumococcal infections among American children today are caused by versions not covered by the vaccine, and 19A is leading the way. “People hoped against hope it wouldn’t happen,” he said.

The vaccine’s manufacturer, Wyeth, says it has been working quickly to develop a new product to counter 19A and five other pneumococcal variations, along with the original seven. The company will release results of the first large studies of the newer version this month at an infectious disease meeting in Washington.

“There was no point where we said to ourselves, ‘We missed it, we need to put in 19A,’ ” said Emilio A. Emini, head of vaccine research and development for Wyeth. The company was always prepared to remake the product, he said.

Once a new vaccine demonstrates that it can protect against pneumococcus, it must work its way through the approval process — passing tests of effectiveness and safety — before it can be licensed. Researchers will also try to determine whether young children who have been immunized with the old Prevnar should be revaccinated to protect themselves from 19A.

The remodeling of a vaccine so soon after its approval is highly unusual, but so was the effort to tackle pneumococcus.

The bacteria live in the nose and throat, usually as microbial freeloaders of no consequence. Occasionally — often after a simple viral infection — pneumococci slip into inner areas of the body and cause disease. Weaker immune systems in the very young and the very old leave them most vulnerable. (The pneumonia shot in older people includes 19A, but many elderly people have not received the immunization.)

Not all of the 91 incarnations of pneumococcal bacteria are dangerous. They developed so much variety by mingling in the back of the throat, exchanging genetic material as eagerly as children trading Halloween candy. The variation in genes slightly alters how the bacteria function and how they are received by the immune system.

For vaccine manufacturers, pneumococci’s diversity presented a challenge: how to teach the immune system to recognize a target that may look a little different from child to child. “This is the most complex biological product ever made,” Dr. Emini said.

Serotype 19A was around in the 1990s, though uncommon, and the vaccine includes a similar version called 19F. The hope in 2000 was that 19F looked enough like 19A to set off an immune reaction. It did not.

Experts say it is hard to know what role the introduction of Prevnar may have played in the rise of the bacteria, which was gaining momentum in some countries before the vaccine’s adoption. For example, researchers from GlaxoSmithKline, which is introducing its own pneumococcal vaccine, reported last month that Serotype 19A became more common in Belgium from 2001 to 2004 — years when pneumococcal vaccination was rare in that country. Similar reports have emerged from China, South Korea and Israel.

Pneumococci ebb and flow in natural cycles, and some types have gained a survival advantage by growing resistant to a host of drugs. The vaccine may have simply amplified natural trends..

“I don’t think anyone can tell you the relative contributions of these factors,” said Dr. Sheldon L. Kaplan of Texas Children’s Hospital in Houston. This summer, he and his colleagues described a growing number of cases of drug-resistant mastoiditis, an infection of an inner-ear bone, from 19A.

Experts are now watching to see how forcefully the organism will spread before the new immunization arrives. Wyeth says it hopes to file an application with the Food and Drug Administration in 2009.

Disease experts also wonder what organisms like 19A mean for the future of pneumococcal infections. Public health experts once hoped the infection could be defeated, but it now appears that pneumococci may be playing a game of cat and mouse.

“The pneumococcus has shown an extraordinary ability to evolve to our strategies,” said Dr. Beall of the C.D.C.

Yet he and others are quick to say that immunization remains highly effective, even if it leaves some children behind. “This is not a failure of the vaccine,” said Dr. George H. McCracken Jr. of the University of Texas Southwestern Medical Center at Dallas. Even with the rise of 19A, children are much less likely to become ill from pneumococcal infections.

Dr. McCracken hopes that researchers will one day avoid threats like 19A entirely by developing a vaccine that primes the immune system to recognize some element common to all 91 types of pneumococci — in the way a quiche, an omelet and a custard pie are all versions of eggs. But until such an immunization comes along, he said, pediatricians will be forced to battle the pneumococcus as they always have, by trying to stay one strain ahead of its game.

NYT: Worrisome Infection Eludes a Leading Children’s Vaccine

New York Times

A highly drug-resistant germ has become a common cause of meningitispneumonia and other life-threatening conditions in young children. The culprit — a strain of strep bacteria — can conquer almost all antibiotics in pediatrics, and has dodged a vaccine otherwise credited with causing the number of serious infections in children to plummet.

GJLP/Photo Researchers

Infection with one type of strep bacteria is steadily rising.

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Hybrid Medical Animation/Photo Researchers

The rates of diseases caused by strep bacteria have increased.

Since 2000, American toddlers have been immunized against Streptococcus pneumoniae, or pneumococcus, an organism that preys largely on children younger than 5 and the elderly. Pneumococcal meningitis can be fatal, and survivors are often left with deafness and other lifelong neurological problems.

And by most measures, the vaccine has worked: by 2002, rates of infection from these bacteria had dropped as much as 80 percent in some places. But progress has now stalled, and infection with a particular type of pneumococcus, Serotype 19A, is steadily rising.

“It’s very much a concern,” said Bernard Beall, a pneumococcal expert at the federal Centers for Disease Control and Prevention. Last year, in The Journal of the American Medical Association, pediatricians described an outbreak of Serotype 19A ear infections in Rochester that could be cured only by surgically implanting tubes, or by turning to adult medicines not yet tested for safety in children.

A greater worry, however, is the frequency of meningitis, pneumonia and bloodstream infections from Serotype 19A. Since 2001, rates of these and other invasive pneumococcal diseases have crept upward, to more than 10 per 100,000 children from about 2 per 100,000. A fourfold increase in life-threatening infections has also occurred among the elderly.

The vaccine, Prevnar, is aimed at seven types of bacteria that were responsible for 70 to 80 percent of pneumococcal illness during the 1990s. Because pneumococci come in 91 forms, experts have worried from the start whether bacteria that were just as deadly, but not wiped out by the vaccine, might move in as opportunists when the competition suddenly vanished.

“Nature abhors a vacuum,” said Dr. Steven Black of Cincinnati Children’s Hospital. Indeed, almost all pneumococcal infections among American children today are caused by versions not covered by the vaccine, and 19A is leading the way. “People hoped against hope it wouldn’t happen,” he said.

The vaccine’s manufacturer, Wyeth, says it has been working quickly to develop a new product to counter 19A and five other pneumococcal variations, along with the original seven. The company will release results of the first large studies of the newer version this month at an infectious disease meeting in Washington.

“There was no point where we said to ourselves, ‘We missed it, we need to put in 19A,’ ” said Emilio A. Emini, head of vaccine research and development for Wyeth. The company was always prepared to remake the product, he said.

Once a new vaccine demonstrates that it can protect against pneumococcus, it must work its way through the approval process — passing tests of effectiveness and safety — before it can be licensed. Researchers will also try to determine whether young children who have been immunized with the old Prevnar should be revaccinated to protect themselves from 19A.

The remodeling of a vaccine so soon after its approval is highly unusual, but so was the effort to tackle pneumococcus.

The bacteria live in the nose and throat, usually as microbial freeloaders of no consequence. Occasionally — often after a simple viral infection — pneumococci slip into inner areas of the body and cause disease. Weaker immune systems in the very young and the very old leave them most vulnerable. (The pneumonia shot in older people includes 19A, but many elderly people have not received the immunization.)

Not all of the 91 incarnations of pneumococcal bacteria are dangerous. They developed so much variety by mingling in the back of the throat, exchanging genetic material as eagerly as children trading Halloween candy. The variation in genes slightly alters how the bacteria function and how they are received by the immune system.

For vaccine manufacturers, pneumococci’s diversity presented a challenge: how to teach the immune system to recognize a target that may look a little different from child to child. “This is the most complex biological product ever made,” Dr. Emini said.

Serotype 19A was around in the 1990s, though uncommon, and the vaccine includes a similar version called 19F. The hope in 2000 was that 19F looked enough like 19A to set off an immune reaction. It did not.

Experts say it is hard to know what role the introduction of Prevnar may have played in the rise of the bacteria, which was gaining momentum in some countries before the vaccine’s adoption. For example, researchers from GlaxoSmithKline, which is introducing its own pneumococcal vaccine, reported last month that Serotype 19A became more common in Belgium from 2001 to 2004 — years when pneumococcal vaccination was rare in that country. Similar reports have emerged from China, South Korea and Israel.

Pneumococci ebb and flow in natural cycles, and some types have gained a survival advantage by growing resistant to a host of drugs. The vaccine may have simply amplified natural trends..

“I don’t think anyone can tell you the relative contributions of these factors,” said Dr. Sheldon L. Kaplan of Texas Children’s Hospital in Houston. This summer, he and his colleagues described a growing number of cases of drug-resistant mastoiditis, an infection of an inner-ear bone, from 19A.

Experts are now watching to see how forcefully the organism will spread before the new immunization arrives. Wyeth says it hopes to file an application with the Food and Drug Administration in 2009.

Disease experts also wonder what organisms like 19A mean for the future of pneumococcal infections. Public health experts once hoped the infection could be defeated, but it now appears that pneumococci may be playing a game of cat and mouse.

“The pneumococcus has shown an extraordinary ability to evolve to our strategies,” said Dr. Beall of the C.D.C.

Yet he and others are quick to say that immunization remains highly effective, even if it leaves some children behind. “This is not a failure of the vaccine,” said Dr. George H. McCracken Jr. of the University of Texas Southwestern Medical Center at Dallas. Even with the rise of 19A, children are much less likely to become ill from pneumococcal infections.

Dr. McCracken hopes that researchers will one day avoid threats like 19A entirely by developing a vaccine that primes the immune system to recognize some element common to all 91 types of pneumococci — in the way a quiche, an omelet and a custard pie are all versions of eggs. But until such an immunization comes along, he said, pediatricians will be forced to battle the pneumococcus as they always have, by trying to stay one strain ahead of its game.