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18 septiembre, 2011

Escuela de Pacientes


Siempre resulta complicado encontrar paginas de salud con información para pacientes, y que sean de calidad y con información calificada. En este caso (también figura en la barra superior), un buen recurso con el que contar es "Escuela de Pacientes", un recurso que la Junta de Andalucía provee a sus ciudadanos, y copiamos aquí su presentación:



"La Escuela de Pacientes te ayudará a mejorar tu salud y tu calidad de vida. Ofrececonocimientos, recursos experiencias para que las personas con enfermedades crónicas, puedan tener un papel protagonista en su control y convivan con ellas de forma saludable. Podrás aprender de pacientes como tú y participar en redes de intercambio. También encontrarás información avalada por la evidencia científica más actual y porn los mejores profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía."

Sin duda éste es un excelente recurso para los no médicos, o sanitarios, ya que éste blog está sólo dedicado a personal sanitario, y no contestamos preguntas sobre problemas clinicos, internet en la consulta SI, pero una consulta por internet nunca habrá de reemplazar la verdadera relación con nuestros pacientes y comunidad, salvo cuando le escribimos a nuestros pacientes ( en mi caso mandar un mail con novedades o preguntas y que me fue muy útil durante la pandemia de pánico del 2009). 

A recorrerla entonces y sacar el mejor provecho de ella. Pero advierto que no van a encontrar ninguna de las enfermedades de las que el Dr.House se ocupa. 


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22 junio, 2011

http://www.publico.es/ciencias/383208/vacunas-manual-de-instrucciones-para-acabar-con-los-mitos

Los expertos alertan de un repunte en el movimiento antivacunas y recomiendan mejorar la información que se ofrece a los padres
La semana pasada varios gobiernos e instituciones se comprometieron a contribuir con casi 3.000 millones de euros a la Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización (GAVI), lo que evitará, según este organismo, la muerte de cuatro millones de niños en países en vías de desarrollo hasta 2015.
En paralelo, Europa asiste a un importante aumento de casos de enfermedades transmisibles que se pueden evitar con la vacunación. Según datos del Instituto de Salud Carlos III, en 2010 se registraron en España 283 casos de sarampión. Hasta junio de 2011, había confirmados más de 1.100.
La donación de 3.000 millones de euros evitará cuatro millones de muertes
Es, según los expertos, el reflejo de un renacimiento de los movimientos antivacunas, un fenómeno existente desde que, en 1796, Edward Jenner desarrollara la primera inmunización frente a la viruela y que vivió su máximo esplendor a finales de la década de 1990, cuando un estudio fraudulento asoció las vacunas al riesgo de autismo.
La revista Nature analizaba recientemente las estrategias desarrolladas para evitar la infiltración de estos rumores en la población, una tendencia que no es exclusiva de los países ricos. En este sentido, en el artículo Lecciones de la erradicación de la polio, los epidemiólogos Hedi Larso e Isaac Ghinai, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, analizan los casos de Nigeria e India que, a su juicio, se han convertido en "dignos de estudio" sobre la importancia de "ganarse a las poblaciones locales" antes de establecer una estrategia de vacunación global, como se hará sin duda con las ayudas otorgadas a GAVI.
En estos países se boicoteó el programa de inmunización masiva contra la polio a raíz de un mito que asociaba la vacuna a la transmisión del VIH. La Iniciativa Global para la Erradicación de la Polio (GPEI), que anteriormente había logrado implantar la vacunación de forma masiva (hasta reducir los casos en un 99% de 1988 a 2001), tuvo que cambiar sus estrategias y dejar de lado anuncios de radio y carteles para ponerse a hablar con los agentes decisorios.
En España hay ahora cuatro veces más sarampión que en todo 2010
En el caso de India, se mantuvieron conversaciones con la Universidad Musulmana de Aligarh y con la Islámica de Nueva Delhi. Así se consiguió que la vacunación fuera propuesta por líderes locales y no impuesta por los extranjeros. Al cabo de un año, no se registró ni un nuevo caso de la enfermedad en la zona.
En Nigeria, los encargados de vacunar optaron por visitar no sólo las casas, sino también las escuelas, los mercados y, sobre todo, las mezquitas. La visita en 2009 del filántropo Bill Gates, que pidió audiencia con el sultán de Sokoto además de reunirse con el Gobierno de la comunidad de Kano, donde había sido boicoteada la vacuna, fue crucial para renovar el compromiso con la vacunación.

Más información

Según explica en un segundo artículo de Nature Julie Leask, de la Universidad de Sidney (Australia), las circunstancias son muy distintas en los países ricos donde, al contrario que en los más pobres, no son los líderes los que cuestionan la vacunación, sino padres con buen nivel socioeducativo.
A ellos debe hacer frente "de vez en cuando" el pediatra del Centro de Salud Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa) Pedro Gorrotxategi. Este experto tiene claro que "lo que más ha beneficiado" a los movimientos antivacunación es el mito de que las vacunas causan autismo, "que se ha demostrado que no es cierto". Explica, además, que el componente al que acusan de dañino, el timerosal, "no está presente" en ninguna vacuna española, que se dispensan en envases individuales. Sí lo está en vacunas con envases múltiples usadas en los países pobres, pero "la cantidad es mínima".
Escribe Leask en la revista británica que, para evitar la implantación de estos mitos, "debe haber entrevistas antes de prescribir la vacunación, en las que se ayude a los padres a considerar los pros y los contras de la medida". Gorrotxategi se emplea a fondo con los que se niegan a vacunar, aunque hace hincapié en las inmunizaciones incluidas en el calendario vacunal común hay algunas, como las que protegen contra múltiples cepas del neumococo o la del rotavirus, que son opcionales . "Insisto en la primera visita y, si no tengo éxito, en la segunda. Les hablo de lo graves que son las enfermedades que se evitan; yo lo he vivido, tuve un compañero de clase con polio", afirma el pediatra. "También les recuerdo los brotes que ha habido de enfermedades ahora prevenibles con vacunas, como el meningococo C", añade. "Me fijo en si uno de los dos padres es más reticente y me intento apoyar en el otro", comenta el pediatra, que se jacta de haber convencido a más de uno.
Un médico cree que los rumores deberían perseguirse legalmente
José María Bayas, autor de más de 80 estudios sobre el asunto, cree que la gente "no es consciente" de lo que son las intervenciones con repercusión grande, como la vacunación. "Ahora se deslumbran con las terapias novedosas o la tecnología puntera", se lamenta. El especialista del Hospital Clínic de Barcelona apunta a que en la base del movimiento antivacunas está "el descrédito de la industria farmacéutica" que no termina de entender. "Sí, pretende ganar dinero, pero como todas las industrias; no tiene sentido pensar que tiene que ser más generosa". Bayas sugiere que los rumores sobre las vacunas deberían perseguirse legalmente. "¿Qué pasaría si alguien dijera que los productos que vende un centro comercial están contaminados? ¿No se le denunciaría?", se pregunta.
Como la autora del artículo de Nature, Bayas reconoce que hace falta más convencimiento entre los propios sanitarios. "Por ejemplo, la cobertura de la vacuna de la gripe en este colectivo es muy baja y manejan los mismos tópicos que la población general", acusa. "Hay mucho sanitario que se informa por el periódico", subraya por su parte Javier Díez Domingo, del Instituto Valenciano de Vacunas, que cree que "la gripe A supuso un antes y un después con respecto a la vacunación".

Cultura de la agresividad

Entre los propios sanitarios también falta el convencimiento
Además, reconoce que, a la hora de vacunar, los médicos mantienen "en el subconsciente" la cultura de agresividad de hace 40 años, cuando se insistía mucho en la vacunación porque las enfermedades estaban ahí. "Hay que revisar nuestra postura; convencer con argumentos, hablar sobre el beneficio-riesgo. Si se quiere explicar bien, es difícil", subraya Díez, que apunta como posible solución colgar información en la web del Ministerio de Sanidad.
Bayas cree que hay que "explicar con detalle" en qué consisten las enfermedades de las que se va a vacunar. Respecto a los riesgos, reconoce que, "como todas las cosas", las vacunas tienen efectos secundarios. "Pero es un tema de balance, el riesgo de sufrir un efecto adverso grave por una vacuna es menor al de morir en un accidente de aviación". "Hay ciudadanos que, para no correr el riesgo, no vacunan a sus hijos, pero así no evitan la enfermedad y la probabilidad de que la padezcan será mayor cuantos menos niños haya vacunados", advierte el experto, que se refiere al concepto de inmunidad de grupo, el efecto protector de una vacuna sobre los miembros no inmunizados, siempre que la mayoría se haya vacunado

21 junio, 2011

¿Los antibióticos ya no sirven?


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A poster attached to a curbside mailbox offering advice to World War II servicemen: Penicillin kills gonorrhea in 4 hours. (Photo credit: Wikipedia)


¿Los antibióticos ya no sirven?


Cualquier día de invierno, en un consultorio médico cualquiera: “doctora, hace cuatro días que mi hijo tiene tos y fiebre, por favor recéteme un antibiótico”. O también: “no se me van los síntomas, doctor. Deme un antibiótico, que mata todo”. En la oficina, en el bar: “estás destruido, andá a la farmacia y pedite una amoxicilina, que seguro te la venden. Y te olvidás”. A la salida del                            colegio        de los chicos: “¿Te duele la garganta? Tomá, yo siempre llevo un antibiótico en la cartera, porque no quiero caer en cama”. En casa: “amor, guardo estas pastillas, así tenemos para otra vez. El médico me recetó para diez días, pero ya me siento mejor. Se ve que ayer hice bien: me tomé dos juntas”.

Aunque sean habituales y parezcan inocuas, escenas como éstas no son más que piezas sueltas de un mecanismo alarmante: a causa de su uso indebido o abusivo, algunos antibióticos van convirtiéndose en golosinas inútiles, que en ciertos casos ya fallan para curar a una de cada cinco personas. ¿Suena muy trágico? Este año, la Organización Mundial de la Salud definió a la resistencia de algunas bacterias a los antibióticos como uno de los problemas de salud pública más graves del mundo.

La historia moderna de la lucha contra las infecciones es la de la carrera permanente de los antibióticos contra la habilidad de las bacterias de tornarse resistentes a ellos. El antimicrobiano más antiguo, la penicilina, fue descubierto por Alexander Fleming en 1928 y todavía es uno de los más efectivos. Pero el propio Fleming ya había advertido sobre los peligros potenciales del uso indiscriminado de antibióticos, y de la posibilidad de que el uso en dosis y tiempo equivocados generaran bacterias resistentes. Y tenía razón: cuando se utiliza un antibiótico, éste actúa sobre todas las bacterias que habitan el organismo –la mayoría de las cuales cumple un rol beneficioso para la salud– y no sólo sobre aquéllas que están causando una enfermedad. Esto desata mecanismos de defensa de las bacterias, que luchan por sobrevivir: las más débiles mueren, y aquellas que son más resistentes logran reproducirse. Así se conforma una población bacteriana sobre la que los antibióticos no tienen efecto. Estas bacterias, a su vez, no sólo infectan a la persona que recibió el tratamiento: a través de las múltiples vías de diseminación, también terminan colonizando a otras personas.

El doctor Rodolfo Quirós, que es jefe de Infectología del Hospital Austral, deshace la madeja de errores que componen este sombrío panorama: “el mal uso de los antibióticos crece debido a cuatro factores clave. El primero es la variabilidad del nivel de los médicos argentinos: mientras algunos están entre los mejores del mundo, otros dan antibióticos cuando no van, los eligen mal o prescriben tratamientos más cortos o más largos que lo indicado. Otro eslabón flojo es el de los farmacéuticos, que a veces escuchan los síntomas que les cuentan sus clientes y enseguida les venden remedios que contienen antibióticos, como algunos analgésicos y antifebriles. La tercera pata es la de la industria: los laboratorios aconsejan no consumir antibióticos sin receta, pero con el lanzamiento de productos “combinados” favorecen el ataque a gripes virales con antimicrobianos (ver infografía). El cuarto elemento es la falta de cultura del público, que ingiere antibióticos sin prescripción, lo hace para combatir cualquier dolencia o, cuando su consumo responde a una orden médica, los toma en forma desordenada o interrumpe el tratamiento cuando ya se siente bien. Se cree que el antibiótico ‘mata todo’ y no es tóxico: una doble mentira. Estos medicamentos no actúan contra los virus, y además pueden causar diarreas y alergias.”

Gabriel Levy Hara, infectólogo argentino de prestigio internacional, dispara algunos datos para despertar conciencias: “Cuanto más amplio espectro tienen, más se usan y para curar más cosas, los antibióticos causan más resistencia. Aunque la penicilina sigue siendo buena para combatir las anginas infecciosas, en los 90 salió un grupo de drogas nuevas, como la azitromicina, que revolucionaron el mercado: sólo había que tomar una pastilla diaria durante tres días.

Ahora ese antimicrobiano ya tiene una resistencia del 20%, puede fracasar en uno de cada cinco pacientes. Esto es grave, porque la azitromicina también se utiliza para curar neumonías, y una neumonía mal tratada en ancianos o personas débiles tiene una mortalidad superior al 40%”, advierte el médico.

“También aumentó la resistencia a la norfloxacina, ciprofloxacina y otras drogas del grupo de las quinolonas, que se usan para tratar infecciones urinarias y respiratorias, y también gonorreas. Y habría que tener mucho cuidado en el uso de antibióticos para tratar diarreas porque, al igual que con las enfermedades respiratorias, la mayoría son de origen viral”.

¿Cuándo es necesario tomar un antibiótico? Veamos algunas estadísticas: el porcentaje de infecciones bacterianas sólo es superior al 50% en las otitis agudas medias (93,7%), las neumonías (92,6%), las sinusitis agudas (85%) y las amigdalitis agudas (75,5%). En las bronquitis agudas, la posibilidad de que su origen sea bacteriano o viral es mitad y mitad, y las faringitis agudas sólo deberían atacarse con antibióticos en tres de cada diez casos. En cambio, el origen viral es casi absoluto en el resfrío común, las gripes y otras infecciones del tracto respiratorio.

Sin embargo, algunos estudios recientes muestran que los médicos recetan muchísimos más antibióticos de los que deberían. Entre diciembre de 2002 y abril de 2003, tres investigadores del Programa de Medicina Interna General del Hospital de Clínicas relevaron la prescripción de antimicrobianos en cuatro hospitales y clínicas porteñas representativos de los diferentes estratos sociales de la ciudad, y se encontraron con que el 70 por ciento de las infecciones respiratorias altas (que masivamente son virales) había sido tratada con antibióticos. ¿Qué síntomas decidieron a los médicos? La presencia de mocos y de tos.

Para saber cómo se trataban los casos de bronquiolitis en el primer nivel de atención público del país, los médicos Ricardo Bernztein y Susana Elordi analizaron junto a un sociólogo quince millones de recetas prescriptas en el marco del Plan Remediar, entre marzo de 2005 y febrero de 2006. ¿El resultado? El 48% de todos los remedios recetados en los Centros de Atención Primaria de Salud fueron antibióticos, que están “desaconsejados” para ese mal.
Pero la prueba más concluyente del uso inapropiado de estos medicamentos –causa fundamental de la resistencia bacteriana– la ofrece hoy Clarín: con datos oficiales de enfermedades respiratorias registradas en 2010, cruzados con información del mercado farmacéutico, este diario comprobó que las ventas del antibiótico amoxicilina combinado con mucolíticos (que sólo combaten síntomas) acompañan en forma casi exacta la curva de incidencia de las gripes y otras dolencias virales (ver infografía).

Otro dato curioso: en un paper que analizó las tendencias en el uso de antibióticos de ocho países de América Latina entre 1997 y 2007, la curva argentina de consumo anual acompañó puntillosamente los vaivenes de la economía nacional, con un piso de 8,11 dosis diarias definidas cada mil habitantes en 2002 y un salto a 16,64 en 2007. El doble en sólo cinco años. Y el primer puesto en toda la región (ver infografía).

Esta trabajosa recopilación de investigaciones y estudios puntuales –cuya selección ofrece hoy Clarín– intenta paliar la falta de estadísticas oficiales sobre la cantidad de antibióticos autorizados en Argentina (la ANMAT tiene esos datos dispersos), la proporción nacional de recetas indebidas y los costos sanitarios y económicos de la creciente resistencia bacteriana. La Confederación Farmacéutica asegura que el año pasado las farmacias tuvieron a su disposición unos 330 antibióticos generales. Pero casi el 80% de las ventas le corresponde a un puñado de ellos. El best seller de los antibióticos es, por lejos, la amoxicilina, que el año pasado representó un tercio de todos los antibióticos utilizados. En orden, le siguen azitromicina, cefalexina, ciprofloxacina, claritromicina, norfloxacina, penicilina, sulfametoxazol y cefadroxilo.

El doctor Marcelo Galas es jefe del departamento de Bacteriología del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas y, según el voto unánime de las fuentes consultadas por Clarín, el especialista mejor calificado para describir los resultados del agrio combate contra la resistencia bacteriana. “Latinoamérica y Asia son las dos regiones del mundo con más elevados niveles de resistencia a los antibióticos”, dispara para empezar. Y sigue: “Por la concentración de pacientes críticos en los hospitales, los porcentajes de resistencia más altos se dan en las grandes ciudades. Hay enormes diferencias –que en algunos casos llegan al 100%– con respecto a los pueblos o parajes rurales.” Con las estadísticas y cientos de informes en la mano, Galas afirma que los antibióticos de uso público que más resistencias generaron son la ciprofloxacina (muy utilizada para combatir infecciones en las vías urinarias), la azitromicina y claritromicina (neumonías, otitis medias, infecciones intestinales, urinarias y odontológicas).

El Infectólogo Gustavo Lopardo, coordinador de la comisión de uso adecuado de recursos de la Sociedad Argentina de Infectología, ofrece su experiencia: “Además de las bacterias que causan infecciones respiratorias, las productoras de infecciones urinarias, gastroenteritis o infecciones de la piel y tejidos blandos también desarrollaron resistencias a las antibióticos utilizados contra ellas”.

La salvaguarda de los antibióticos actuales también cuenta con otras razones de peso: si perdieran su efectividad, será muy difícil reemplazarlos. El presidente del Colegio de Farmacéuticos bonaerense, Néstor Luciani, advierte que “cada vez que son necesarios antibióticos nuevos o de última generación para hacer frente a patologías rebeldes, los costos son mayores, y eso repercute en toda la economía, ya sea del paciente o del sistema de salud”. Pongamos un solo ejemplo para ilustrar las palabras de Luciani: el tratamiento de diez días con una nueva generación del antibiótico fosfomicina, necesario para tratar diarreas o infecciones urinarias graves causadas por gérmenes multirresistentes, sale 14.130 pesos.

Aunque prohibitivo, el costo no es la única fuente de preocupación. En los próximos años no habrá antibióticos innovadores, porque los laboratorios no están haciendo una gran inversión para desarrollarlos, como la que mantienen para crear nuevos remedios para el Sida o las enfermedades cardiorrespiratorias.

¿Datos? En 2008, ocho de los quince laboratorios más grandes abandonaron sus investigaciones al respecto, y otros dos las redujeron. Un estudio publicado en 2004 reveló que sobre 506 drogas en desarrollo por esos quince laboratorios y las siete empresas de biotecnología más importantes del mundo, sólo seis eran antibióticos. Y un sondeo realizado en 2008 entre laboratorios grandes y chicos mostró que sólo 15 entre 167 antibióticos bajo desarrollo contienen nuevos mecanismos de acción. Hay más cifras, más desaliento: en Estados Unidos, la aprobación de nuevos antibióticos cayó un 56% entre 1998 y 2002. Por todo esto, la Organización Mundial de la Salud impulsa el programa “20x20”, con el objetivo de que en los próximos 20 años aparezcan 20 nuevos antibióticos. Pero los especialistas creen que es muy difícil que esta meta se alcance.

Lo dicho: en Argentina no hay estadísticas que midan los costos sanitarios ni económicos que implica el combate contra bacterias que en varios casos ya son multirresistentes (es decir que no responden al ataque con cuatro antibióticos distintos). Pero los países desarrollados pulieron estimaciones que hielan la sangre: en la Unión Europea, cerca de 25.000 pacientes mueren cada día a causa de infecciones provocadas por bacterias multirresistentes. Además, se estima que los costos asociados a este problema alcanzan los 1.500 millones de euros. En Estados Unidos, el sistema de salud gasta cada año un excedente de 20.000 millones de dólares, y se generan ocho millones de días de hospitalización adicionales. En total, los costos sociales anuales superan los 35.000 millones de dólares.

El antídoto para alejar esta tragedia es conocido: no automedicarse ni intentar comprar atribióticos sin receta, no aceptar su prescripción sin una buena razón y completar los tratamientos como indicó el médico. ¿Podremos lograrlo? 

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